Archivos para abril, 2009

Extraños conocidos

Escribir se volvió un hábito, una costumbre, un amor permitido. Escribir se volvió una tarea casi diaria, un encuentro conmigo, la afirmación de que lo que hago, se hace, lo siento, lo estallo, lo digo y hasta hace muy poco, también lo comparto con quienes me gusta llamar extraños conocidos.

Desde que abrí este espacio a un mundo un poco más grande que el que vivo, algunos ecos empiezan a decirme cosas al oído. Descubro ausentes que citan alguna frase, recibo algún que otro mail relatando una emoción, me declaran que lo que hago los motiva a hacer algo por ellos mismos.

No es una multitud ni es un best seller este sitio, este libro sin tapas que hoy escribo. Tampoco un ejemplar de artista y ni siquiera, la obra maestra de un talentoso amante de las letras. Soy simplemente yo, abriendo mi corazón, destapando la mirada de lo que se quedaba antes para mí o tardaba en salir hasta un encuentro, un evento repentino, los amigos de siempre que felices, celebraban como el mayor de los logros apenas una carta enviada por algún suceso, alguna historia que sembrara el destino.

Recibir de un “extraño conocido” un halago no es más que el elogio de mi papá orgulloso, leyendo un manuscrito dirigido hacia él hace unos diez años, pero sí es la afirmación de que uno crece, se anima, determina exponerse ante los demás y las críticas, las observaciones, el que dirán y por sobre todas las cosas, compartir aquello en lo cual uno cree o le gusta comunicar y regalar.

Al menos, ese es mi objetivo. Ficcionar el día a día, atrapar una idea y convertirla en un truco de magia literario, disfrazar a mi abuela de heroína, construir una realidad paralela en el andén de un subterráneo. Cuando escribo, siento que entrego algo y me dan todo a cambio, no pienso si es poco o mucho, simplemente es la misión imposible que deshago en lo posible, en un intento de verso, en un relato enviado, en una crónica que quizás, conmueva, haga reír o disparé un recuerdo inesperado o la realización de un deseo sostenido.

Hoy, los extraños conocidos me han llenado el alma. Me siento afortunada de que los de siempre se multipliquen y se transformen en nuevos seguidores de las letras que humildemente, intento erigir para darles algo, sin embargo, qué raro y qué maravilloso que alguien que no nos conoce, que alguien que ha llegado a nosotros por lo que decimos, tenga ese bello gesto de quedarse, de ser testigo de un camino, de contarle a uno lo que le pasa porque eso también hace, claro, que todo lo que quiere uno para vivir, al menos hoy y para mí, sea un sueño cumplido.

Comentarios (8) »

Mi abuela, un recital y yo

Adelma no es ninguna tonta. A poco de cumplir 87 años, está mejor que yo y que mi mamá, lo que no es una frase hecha ni un lugar común. De hecho, salió de su casa donde vive sola, vestida con zapatillas doradas, un pantalón negro, una camisa fucsia y varios accesorios de colores diversos. ¿El motivo? El show de su artista favorito en el Luna Park un jueves por la noche. Una mujer que hace menos de dos años nos contó al pasar que en realidad no cumplía los años el 23 de agosto sino el 24 y que cuando todos le preguntamos porqué no había dicho nada, ella contestó que no tenía importancia, que las fechas no son lo que festejamos sino estar todos juntos para verificar que seguimos existiendo.

Raphael cumple 50 años con la música y más allá de su “Estoy aquí” no había escuchado. Pero amores son amores y como Adelma hay pocas en el universo, cómo no acompañarla en esa aventura nocturna. ¿Acaso el mate cocido sería lo que es sin ella? Colador, yerba, agua hirviendo, bastante azúcar, una taza enorme y una cuchara de metal con plástico negro en su base. Vainillas o en los mejores tiempos, pastafrola de membrillo casera para acompañar. Una enamorada de las películas de terror que yo huía para no ver cuando nos venía a cuidar a mi y a mi hermano a Ituzaingó. La culpable de que el pollo al limón no sea nada si ella no pela cinco kilos para hacerlo pausado y delicioso. La responsable de que el asado del domingo ausente no se haya extrañado, porque su carne al horno con papas desafía a la mejor parrilla de campo. La que pide todos los días el vestido blanco que nunca llegará y que a pesar de ello, sigue respetando, amando e incentivando el amor de su nieta.

“Ay, qué hermoso, qué divino…..ayyyy”, dice Adelma cuando sale su ídolo al escenario. Yo pienso en ese mismo instante que sólo voy a llorar por verla a ella emocionada, perdida en los ojos de ese hombre imposible que le canta, una vuelta a la adolescencia sin pase de factura con experiencia inmediata. Pero no. Alguien con una voz suprema lo inunda todo y me deja cual jaque mate a quien prejuzga sin razón:

“Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.

Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón. (…)

(Adelma me agarra la mano fuerte, se le caen las lágrimas…en sus arrugas veo el tiempo que no existe y siento como mi corazón estalla de recuerdos concebidos en su casa en Morón)

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse…

Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar…

Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar
“Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…”

Golpe a golpe, verso a verso…

(Pienso en mi historia, en los días difíciles, en la poesía que me invade hasta en los cálculos matemáticos que no quiero ni puedo conocer, siento a Machado en la piel y ella me mira, me dice “qué voz que tiene… ¿Te gusta?” y yo le digo que sí, que claro, qué me importa si lo que hay es evocación de presentes continuos en ese mismo instante, todos juntos, felices, llenándome el alma de alegría)

Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
“Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…”

Golpe a golpe, verso a verso…

Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
“Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…”

Golpe a golpe, verso a verso.

El estadio entero se pone de pie. Adelma no, pero sus ojos la elevan, ya demasiado esfuerzo hizo en subir las escaleras y escucharlo a él sin que el corazón se le detenga por falta de razón. Es que la emoción ganó la partida y la muerte podría ser quien corone la noche, a quien importaría, sólo a los egoístas que no entendieran que mi abuela está plena, ama, sueña, su hija la dejó en la puerta, su hijo la trajo del oeste por autopista para que viaje cómoda y la menor de todos los concebidos la llamará para llevarle a sus nietos, Dante y Bianca, a jugar al otro día.

Adelma se compró un pasaje certero a la eternidad de ese momento. Celebra los chistes, interrumpe una mirada para dedicarme una caricia, me dice lo linda que estoy y me pregunta si estoy enamorada de verdad, si es amor lo que siento, me dice que el cariño no alcanza, que para sentir hay que ser fuerte porque lo otro no es más que cháchara. Y se queda en paz con mi respuesta, con el sí, abuela, pero el amor es también esto le digo, es este ir y venir de una charla que podría ser cualquiera y es única, es la herencia del millón de dólares, es todo lo que puede soñar esta nieta.

Casi tres horas de júbilo, de cantos a capela, de risas afortunadas, de romance y España flotando entre la gente. Antes de que termine el espectáculo, ella decide que es suficiente y quiere empezar a bajar porque sabe, nos tomará bastante tiempo el descenso, como si una tormenta viniera a buscarnos a la cima de un nevado recién conquistado. Yo la escucho y le hago caso, sabiduría también es conocer el límite propio y poder contemplarlo sin angustia, teniendo el placer de haber vivido algo y no quejarse por lo que faltó, por lo que queda, por lo que pudo ser el final anunciado.

Mientras bajábamos, pausadas y serenas, mirándonos, no pude evitar recordar ese día que mamá me llamó por teléfono y yo estaba estudiando. “La abuela creo que tuvo un infarto”, dijo, y yo salí corriendo a buscarlas por San Telmo. Nos subimos las tres a la ambulancia y Adelma me tenía la mano. Esa vez, estaba pálida y muerta de miedo. El jueves, este jueves, mi abuela era la que me sostenía. Y estaba más llena de luz que nunca, una luz que seguramente, la acompañará donde sea.

Adelma y yo

Adelma y yo

Comentarios (12) »

Sobre Maya y su compañía

Ella me mira desde la tapa de la impresora, más gris y más blanca que otros días, con sus patas de conejo y esos redondelitos rosas que tanto me enamoran. Gira su cabecita, cierra sus ojitos de a poco, esos que antes tenían conjuntivitis, y acomoda la cabecita más tierna del universo sobre sus manitos estiradas, que parecen estar cruzadas por un duende travieso.

Maya todavía no cumplió los seis meses y ya se ha llevado los 29 años de mi vida. Y no es por ser drástica o por ser exagerada, pero quizás lo que intente decir con esto, es que atrapó la esencia de tiempo pasado, presente y futuro, y me la arroja cada día como una pelota invisible para que recuerde cuánto yo la quería a ella. Y cómo la estaba esperando. Y en ese símbolo, atraer todo lo demás que parece haber venido con su caminar gatuno y su histeria nocturna por dormir tanto de día.

Una vez, cuando leía una de las incontables y bellas cartas de Cortázar, recuerdo haber sentido un erizo en la piel al leer un párrafo que citaba la compañía de sus felinos al momento de enfrentar la máquina de escribir. Entonces, mientras charlaba con una amiga y vaya a saber porqué circunstancia, vino eso a mi mente y no pude evitar recibir una ola de diapositivas antiguas, emociones guardadas en un rincón, retratadas seguramente en un beso, una espera a la salida de un teatro, ese olor a páginas viejas de los libros, la primera vez que escribí una narración en la escuela primaria.

¿Acaso ella es una señal de que todo eso está pasando? La casa y las raíces de los árboles, los textos que los anónimos leen sin compromiso de afecto constante, la independencia del amor por sobre la literatura, las ganas permanentes de abrir un puente hasta vos, y vos y vos y ponerle vocales, consonantes, puntos y comas a lo que me ocurre y acontece.

Maya despierta ahora, sí, justo ahora, pero se queda de perfil. Estira una de sus manos que antes tenía cruzada, y puedo ver el reflejo de su naricita en el plástico tornasolado de la impresora. Las orejitas están paradas, como si escuchara el teclado y lo convirtiera en una canción de cuna para gatitas felices.

Porque a Maya la abandonaron un día y la dejaron en una vidriera. Tras una pequeña jaulita, un domingo de lluvia, sus ojitos verdes nos llamaron la atención. Y ni que decir cuando al mirarnos, extendió esa misma manito que ahora veo a pocos metros de la mía, y casi como acariciando el momento, nos pidió ayuda para salir de la soledad y la tristeza de haber sido arrojada a la nada.

Entonces, yo creo que ella es un poquito feliz todos los días, le toco este órgano sin notas musicales y la dejo ser, compañera, alma animal de las más fieles que existen, testigo y protagonista de noches de insomnio, ladrona de almohadas y telépata de dolores que cuando aparecen en mi cuerpo, toda ella se posa en esa parte como para hacerlos desaparecer en apenas un ronroneo.

Maya en la impresora

Maya en la impresora

Comentarios (4) »

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 74 seguidores