“Laburitos”

Entró sin ninguna prisa. Estaba llegando 15 minutos adelantado. Un café, cortado por favor, con un chorrito de crema. Sin azúcar viejo, no te preocupes en traer los sobrecitos esos. Ah, bueno, están en la mesa igual. Que va, al fin a uno ya le ponen cosas en las mesas de los bares que ni siquiera va a usar. Después se quejan de los costos.

– ¿A las cuatro dijimos no, Gandolfo?
– Si, ta bien, siempre antes vos.

Y otra vez el ritual, que sí, que otro café igual pero sin crema, este con leche. Pero no tienen edulcorante, estos tipos por mantener los costos no te ponen ni lo que te manda la de la dieta. Ma’ si, entonces me pido unas medialunas también, si me voy a tomar el café con azúcar. Que importa ya la dieta si a la doctora esa la vi más de una vez comprarse de a cuatro titas en el kiosco frente de la plaza.

Y si Pierdeguier, la cosa fue que no pude convencerla. Y no quiso nomás. Le dije que era imposible, que no había forma, que se olvidara de la idea. Pero ni seguir con el speeche ese que me diste, na’a che. Que sí, que se podía, que tratara de ver la manera. Así que vengo a darle lo que me dio, que lo necesitaba, pero pa’ mostrarle que no soy traidor como ese que antes trabajaba para uste’. Y no soy malo vea, es que esta mujer sabe bien lo que quiere parece ser.

El café de Pierdeguier siempre estaba más rico, él era puntual, mas que puntual era antes de lo puntual, tomaba siempre su mismo café con chorros de crema y esa oficina de cortados era su paso por el mundo. Y si, lo habían traicionado pero él supo hacerlo pagar. Y Gandolfo quizá lo había escuchado y se lo devolvió más por eso que por otra cosa.

– Ta bien Gandolfo, pero te dije que esta vez, la única y primera, no podías fallar. Esta vez era importante pa’ mi. Vamo’ a hacer una cosa. Quedate con esto y toma esto más. Y el viernes, acá a las cuatro, nos volvemo’ a ver. Yo voy a estar cerrando otro asuntito. No me jodas mientras hablo con ese, oíste? Espera nomás. Y traeme el sí de esa mujer porque sino, aunque me devuelvas todito me voy a sentir traicionado. Eah?
– Y bue, si me lo dice así, ya estoy jugao.

Los zapatos no son cosa simple de lustrar, vea. Usted tiene que dejar que su esposa se los limpie, tiene que parar en una esquina para que un buen hombre se lo haga por una moneda o bien puede dejarlos sucios. Pero no, Pierdeguier no puede andar con los zapatos sucios. Para eso están los otros. Por eso siempre llega antes, vea. A unos metros del bar, está Mingo, un tipo bárbaro que encima le hace descuento porque se lo hace todos los días. Primero, una buena trapeada, después la pomada negra pasada hasta el último rincón, no sea cosa de que queden espacios vacíos. Y luego, la terminación final, ese lustrado maestro que sólo saben dar los que se dedican a ser especialistas en algo. Y Mingo, Mingo era el mejor de todos limpiando los zapatos de Pierdeguier, de Sosa, de Muelles Ibañez y de tantos más que pasaban por ahí.

– ¿A las cuatro dijimos no, Gandolfo?
– Si, ta bien, me demore 5 minutos che. Y traigo buenas noticias. Así que me va’ a tener que barajar para futuros trabajitos nomás.

La mujer dijo que no al principio. Que no podía ser, que tendría que encontrar la manera. Le dije de los imposibles, de la situación económica, tal como le había enseñado una vez a Pereira cuando le hizo un par de laburitos a usté’, se acuerda que me dijo? Bueno, así le dije. Lloraba, no sabe como lloraba. Decía que con esa plata quería ir a ver a los nietos a España, que se debía un paseito por Benidorm y que el río la estaba esperando para morir. Y me vino con esas cosas de nostalgia, vio? Que estaba bien lo que yo ‘ecia pero que no, que intente y mas vueltas dio la mujer! Que no le gustaba el barrio, que la casa era fea y que la humedad se había llevado unas fotos también. Eso no lo entendí Pierdeguier, como la humeda’ se va a llevar unas fotos? Y eso que soy bruto eh, pero eso parece de loco!. Pero bue’ al final lloro un rato más y me firmó. Dijo que se iba a morir sin su Benidorm (es un perro o que??), pero que sino iba a poder yo, no iba a poder naides y que era mejor así, que quedara para eso. Así que ya ve, buenas noticias. Acá ‘sta el papel.

– Ve’, que te dije? Yo sabía que no ibas a fallar Gandolfo. Esa casa era importante pa’ mi y pa’ todos, cuanta veces perdimo’ la pelota en ese patio no tenés idea, no tenés. Ahora puede ser que te lleguen otros trabajitos si seguí’ portando así.
– Y si, me vendrían bien esos pesitos extras, vea. La inmobiliaria ya no es negocio muy rentable y esto de que uste’ tenga cierta influencia en el barrio hace que bue’, mejor no ahondar en temas conocidos. Me llevo esto de que no se vende por…cómo se llama Pierdeguier?
– Monumento Histórico. No entiendo porque tanta cháchara para decir que estamo’ guardando las casitas viejas del barrio para que los pibes vean que es un barrio cuando ya no haya de esos. Tanta cháchara vea, como el azucar que está ahí, muriéndose de risa sin que le toque un sólo grano. Y después se quejan de los costos Gandolfo. Por qué no traerán una azucarera como antes, cuando se la piden y se dejan de joder.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: