Catalina duerme despierta

Catalina duerme despierta. No es que quiera, simplemente es la única manera en la que puede dormir.
Cuando se acuesta en la cama no se pone el pijama de Los Ositos Cariñosos que le regaló la abuela Sofía. Por el contrario, va hacia el armario donde hace rato pegó todas las figuritas brillantes que le trae mamá del trabajo cuando llega tarde, abre el segundo cajón de la derecha y saca el pantalón rosa y la remera de manga larga.
Mira el reloj de la cocina, está alto colgado en la pared, pero para mirar no hace falta haber crecido mucho. Así que no importa.

Son las 9 y cuarto, mamá va a llegar y me va a ver despierta. Menos mal que Patricia tiene tan alto el volumen de la tele con ese hombre gritando que no me escucha. A ver que está haciendo. Ja! La descubrí, me dice a mí que no agarre el tarro de dulce de leche con la cuchara grande y ella sí puede. Si fuera con la chiquita no digo nada, pero me parece que cuando llegue mamá le voy a contar porque es con la cuchara grande.

Catalina se pone las medias verdes con rayitas y un sapito rojo dibujado. Le parece divertido que un sapo sea rojo, nunca vio uno de esos. Una vez le preguntó a Patricia y ella le dijo que existían en su pueblo, que eran parientes lejanos de las cucarachas fucsias que a veces revolvían la basura. Desde que le comentó eso, Catalina siempre que anda por lugares donde la mamá se queja que es un basural, busca alguna excusa como que le aten los cordones para mirar, sin que se den cuenta, a ver si encuentra una de esas. Le gustaría llevarla a su cuarto y meterla en una cajita que le regaló el abuelo Paco, que dijo que era para guardar cosas importantes. Pero nunca vio una. Menos mal que nunca se dan cuenta que las busca, Patricia le dijo que si alguien se entera que sabe de las cucarachas fucsias, podrían castigarla. Y a Catalina no le gustan esas cosas.

Que frío que hace. Patricia se olvidó otra vez de prender la estufa. Si fuera grande la prendería yo pero no puedo. ¿Cuándo seré grande? ¿Cómo pasará? ¿Un día me voy a levantar y me voy a dar cuenta? ¿Por eso también me castigarán? Patricia siempre me dice que cuando uno empieza a saber las cosas, la va a pasar mal. Yo no entiendo bien porque. Cuando camino por la calle de la mano de la abuela Sofía, siempre que paseamos a Pepe para que vaya al baño de los perros, hay gente que me mira y se ríe. Y yo cuando me río es porque estoy contenta. Y me doy cuenta que me río, pero no me castigan y creo que a las otras personas tampoco. Pero Patricia es muy inteligente y debe tener razón. Yo porque soy chiquita y todavía no me doy cuenta de nada.

Catalina se mete en la cama. No le gusta el silencio. Le pidió una vez a la mamá que le compre una tele para el cuarto pero no quiso. Dice que es cara y que además, no la puede controlar. Ella no entiende como un aparato que tiene tantas cosas lindas adentro no pueda estar en su habitación. Si lo tuviera, quizás Patricia podría venir a acompañarla antes de dormir. Taparla bien porque nunca puede ella sola con las frazadas que se le van para todas partes y hasta quizás, darle un beso que la deje dormir dormida en vez de dormir despierta, mirando hacia donde quedan los papeles que terminó de recortar después de haber hecho la tarea de la escuela, a ver si una cucaracha fucsia la visita.

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