Archive for mayo, 2009

Sobre Horacio y mi papá

Acabo de abrirle la puerta de calle a mi papá. Se fue después de una mañana de visita, de mates y charlas, de encuentros con la imposibilidad de resistir en un sistema adverso, se fue después de quebrarse en mil pedazos al mirar el video de una canción que hace tiempo estaba buscando y que le recuerda a su mejor amigo, mi tío por adopción, Horacio, ese que se nos fue un día a hacerle bromas pesadas a los ángeles. Fueron apenas unos instantes, lo que duran un par de acordes, pero bastó para que se ponga a llorar como un nene dentro sus casi 60 años, me extendiera la mano y me dijera “esto me hace acordar a Horacio”. Yo no se cuánto hace que no veo a mi papá así, pero ahora que lo pienso, creo que la última vez fue cuando me contó que se murió, hace ya unos cinco años, y desde ese día hasta hoy, un mundo de diferencia.

Se conocieron en el mismo lugar donde se conocieron con mi mamá, mis padrinos, mis tíos de sangre, hasta inclusive con la actual mujer de mi papá, Betty, que es la prima de Horacio, pero esa es otra historia. O no, pero no se puede contar un laberinto en una frase, así que vamos curva a curva, paso a paso. Debían tener como 19 o 20 años, la vida por delante, los sueños atados a la utopía de sanar el planeta a través de la asistencia social, las peñas, la alfabetización para aquellos que no sabían leer ni escribir ni tenían las posibilidades de hacerlo. Esa es la breve reseña de cómo se encontraron mis papas y toda la familia que hoy me rodea, en un marco complejo, de violencia extrema pero que se hacía espacio para que hasta determinado día, hayan podido hacer algo para cambiar las cosas.

Papá y Horacio eran el dúo dinámico. Tenían que verlos. Ambos que no superan el metro sesenta, uno pelado y el otro canoso desde chiquito, haciendo fastidiar a todas las mujeres ejerciendo el más negro de los humores. Sacaban a las hienas internas hasta de los peores amargos. Se han tenido que suspender canciones o charlas para no morirnos, literalmente, de risa. Y no había vedas, no había prohibiciones, no había limitaciones para menores, era todo fiesta, todo guitarra del tío Hernán y su voz hermosa y Horacio zapateando, porque también hacía eso, también amaba el folklore y bailaba como los mejores, casi tan bien como hacía reír a todos.

Yo me críe así. Toda la infancia está teñida de conflictos internos en casa y alrededores maravillosos de aprendizajes y crónicas tan espectaculares como imposibles de creer. Madrugadas infinitas de charla, los chiquitos colados escuchando, mamando, internalizando todo eso que hoy, quizás, haya quedado tan plasmado en mí como para vivir como vivo. Y cuando digo conflictos, es porque me autoriza el hoy, el papá y la mamá que blanquean que tuvimos problemas y menos mal, porque quién no los tuvo y quizás no tan graves, no tan simples, qué importa, lo que vale es que estamos acá, juntos a nuestra manera, ocupándonos los unos de los otros. Pero yo estaba hablando de papá y Horacio y me salgo de tema, me pongo en otro canal y me dejo ser, vuelvo hacia ellos, hacia su relación y lo que dejó de pasar cuando él se fue.

Nada sería lo mismo sin él. Nada. Es imposible no mencionar que cada vez que sonaba el teléfono en Ituzaingó y era Horacio, había que soportar la peor ola de groserías inventada jamás. Cualquier disparate en esa voz tan característica, rasposa, casi como si se hubiera tragado una lija y la hubiera alivianado con una cucharada de leche condensada, porque ese era su humor, una cuota difícil de digerir pero que se transformaba en un dulce único, en la alegría menos pensada.

Mamá lo soñó partir. Estaba internado con su cáncer avanzado en la garganta hacía tiempo, venía luchando duro y era tan cómico verlo en la camilla reírse de sí mismo, hacer bromas con papá, oírlo decir que las anginas lo tenían complicado. La misma mañana en que se murió, mamá me llamó y me contó que Horacio había ido a despedirse. Me dijo que se iba corriendo al hospital. Cuando llegó, Gerardo le dijo que se había ido. Mamá también lo amaba a Horacio, claro, era uno de sus mejores amigos. Pero para papá, para papá, Horacio era un hermano elegido y mi papá eligió a su hermano también como amigo, entonces hablamos de que perdió a uno de los dos pilares de su vida. A una de “sus” personas. Ese que sostiene la historia de uno como la propia, el que le recuerda de qué está hecho, que es lo que uno quiere o cómo quería vivir la vida.

Sentado en el sillón de casa, mientras lloraba, me dijo entre sollozos hace apenas una hora que con un amigo se va la mitad de uno. Y creo que tiene razón. Pero también se río, se río cuando lo decía, mientras por sus lentes enormes se le filtraban unas lágrimas. Cuando pienso de quién heredé esa sensibilidad extrema, no puedo dejar de pensar en papá. Entonces, le dije yo, si Horacio no se hubiera muerto, no hubieras encontrado a la segunda mujer de tu vida. No por ser otra ni menos importante, sino porque vino después que mamá, y yo se que papá amó tanto a mamá que supo terminar las cosas y después tuvo otra oportunidad de amar con una de las mujeres más valientes que he conocido en la vida. Porque si bien eran amigos hace treinta años todos, sólo después del velorio de Horacio, papá y Betty se encontraron en la parada del colectivo y ya nunca más se separaron.

Esa noche fue tan graciosa como la vida de mi tío. Graciosa en el mejor sentido de la palabra. Fue un velorio lleno de vida. Este grupo de gente se las ha arreglado para llevar dramas varios de la mejor manera y lo que encontraron aquí fue el respeto por lo que hubiera hecho Horacio. Papá le hablaba al cajón y le decía “Dale, dale, levantate ahora hijo de puta, y decinos que esto es una joda”, y mientras, María, su viuda, le decía que el hubiera hecho exactamente lo mismo si los papeles eran inversos y yo se también, todos lo sabemos, que esa es la pura verdad. Hasta nos mudamos al salón de al lado, porque había un muerto con la soledad de una sola persona, velándolo. Una sola persona. Nos dio tanto pesar que nos turnábamos un rato cada uno para acompañar la partida, charlando con el único amigo que quedaba.

Y pensábamos en voz alta, claro, qué vida hermosa Horacio, vos que estás acá, repleto de risas, de recuerdos, de presentes y anécdotas, de hijos y mujeres y hermanos elegidos, de misiones cumplidas, qué hermoso tránsito a pesar de la enfermedad, del dolor, de la lucha, qué bello testimonio el de papá y Horacio para este día, para enarbolar un trato como estandarte, el de que hoy y siempre, los amigos, esos seres que tanto nos construyen, sean amados, y yo aprovecho, me sumo al manifiesto y uso como excusa este relato para decírselos, para alcanzar a cada uno de mis almas compañeras y desearles que vivan, que no se pierdan en cosas sin importancia, que lo único que queda es esa sensación tan hermosa y plena de haber compartido, gritado, soñado y morirse de risa.

Anuncios

Comments (6) »

Antes de partir (Esperanza de domingo)

¿Y sí la muerte llega mañana a la mañana, hoy a la tarde antes de salir a pasear, justo después de escribir éstas líneas mientras cocino, mientras Maya duerme sobre la impresora como siempre y a mi alrededor, un hombre, el más valiente de todos los amores que haya tenido hasta hoy, me abraza fuerte?

¿Y sí dejo de respirar en un ratito? Pensando en voz alta, la tristeza se muda a otra parte, a otro cuarto lejos de acá, quizás a un palacio hindú o la calle de París que nunca llegaré a visitar pero que transité tan bellamente de la mano de Julio o Marguerite, no hay dolor ni arrepentimiento porque me invaden cientos de imágenes preciosas, soñadas de ojos abiertos, de paisajes, de amores plenos, de fronteras atravesadas adentro mío que luego se traducirían en geográficas, poemas escritos y reuniones con una amiga del alma para dibujarlos, andar por calle Corrientes chocando los brazos por entrar a un teatro, andar, simplemente andar cantando, sola, acompañada, recordando partidas que ahora son historias, son materia para que todo salga, para que el arte crezca, para que mi voz sea otra y mi alma, una casa que se parece a una pequeña cajita de fósforos pero en la cual me siento como una Pulgarcita muy afortunada.

¿Y sí todo se acaba ahora? Nada, ayer le dije a mamá te quiero mucho y hace un par de días papá me vino a visitar y me regaló un pancho y una charla porque estaba cansada, mi hermano estuvo anoche conmigo y nos reímos tanto, como siempre, que se pareció al fondo de Ituzaingó en la infancia y la lluvia y las piedras que recogíamos para que no se mojaran y acumulábamos en la cucha de Mancuso, el perro más feo y compañero del mundo que haya existido jamás. Almorcé con mi mejor amiga, mi hermana elegida y logramos matar el drama de los imposibles que nos persiguen, amenazantes, tratando de quitarnos lo nuestro y hacernos bajar la guardia.

En la última semana hice dos compañeras de camino nuevas, le confesé mis mayores miedos a una fotógrafa talentosa que no se deja ver y hasta planeé un par de días en el mar con un grupo de mujeres que se parecen a las víboras, no por su maldad sino por su belleza, distinción y capacidad de supervivencia.

¿Y si me muero ahora? Me enteré de tres vidas nuevas apenas en mayo. Una pareja a la cual amo y casé frente a una atardecer majestuoso me notificó que crecía en la panza un rayito que se desprendió de aquel día; vencí otra vez la distancia al mirar en casa la figura de próximo pecosito o pecosita internacional, bebé que crece en una de las mujeres más dulces que haya conocido en la vida, casada con uno de los hombres más generosos de Colombia y el universo entero. Y como si fuera poco, mi prima, un otro yo constante que hasta tiene mi sangre y apellido, acaba de parir a Valentina que llega para unirnos un poquito más y hacernos notar que el tiempo no vale la pena si no es para compartir estas leyendas.

¿Morirse? No tiene sentido planteárselo o hacer planes a largo plazo para evitar su presencia. ¿Deudas pendientes? Saldarlas inmediatamente, ponerles una curita de chocolate, dejarlas pasar si no tenemos el coraje para concretarlas e ir por las que podemos afrontar, por que las que nos den motivos para sonreír acá, ya mismo, sin esperas ni demoras, no lastimarnos por lo que no hicimos sino darle el justo valor a lo que trazamos, al buen día que ayer le dijimos al colectivero, a la cena que preparamos sin nada en la heladera, a la frase que dijo esa actriz en una película y nos impulsó a sentir todo esto, a apartar el miedo por fin, y sacarse el vendaje de la hipocresía de pensar que queda resto, que hay más allá de este momento.

¿Morí? Todavía no, pero no importa. La sola idea de vivirlo, me hizo vivir más, escribiendo todo esto, compartiéndolo, dándome el lujo incluso de ahora dejar el teclado, agarrar mi cucharita y pronunciar una de las palabras que más me gustan en el mundo, “pote”, un cubículo lleno de sabor que ya me deja haciéndome agua la boca.

Comments (10) »

Preguntas sin respuesta

Días que no tienen razones, jornadas que no tienen calma más que la que habita en una esquina deshabitada, tiempos de extrañas preguntas sin respuestas. Ni siquiera buscadas.

Hoy reflexioné sobre infinitas variantes, me subí a un tobogán imaginario y le robé una brisa a la primavera que no existe, pero que está camuflada en un otoño mentiroso que no aparece y tampoco trae a su amiga la lluvia para dar testimonio de su paso por el calendario estacional del año. Hoy me adelanté a pensar y me dejé sentir, me dediqué a estar en el útero materno que me construí en el sillón de casa y me quedé ahí, soñando que me metía de vuelta en la panza de mamá y me moría en el intento.

Las preguntas sin respuesta me dejan así, buscando los extremos. No entiendo de puentes entre fases cuando se trata de un laberinto interno. El estar donde quiero estar se volvió tan pragmático que asusta un poco, trasciende lo que había imaginado, quizás asusta el no poder ir un poco más allá, saber que se podía y no haber siquiera, dado la primera señal de que uno quería que todo siguiera por ese transitar. ¿Por ese palpitar?

La energía me la dan los dedos en el teclado que es la pluma que me invento. Estoy conectada a un filtro infinito de borradores que pasan en concreto por esta hoja de papel convertida en millones de números transformados y catalogados y aún no puedo entenderlo. Sin embargo, ejerzo el poder que me da la palabra, no me importa dejar una huella, sólo la uso tal como para andar en bicicleta o montarme en un arco iris distinto al que no puedo mirar por mi ventana.

¿Hay necesidad de responderlo todo? ¿Por qué insistimos en buscarle motivos a las cosas? ¿Existen tales las razones? ¿Por qué el mundo no puede tolerar que uno sea uno distinto todos los días? ¿Qué pasaría si funcionara en nosotros una gran fábrica de máscaras para decir la verdad, en lugar de acomodar los fundamentos y sentimientos a nuestro antojo? ¿Hicimos hoy algo que nos hiciera verdaderamente felices? ¿Sabemos cuál es la pregunta sin respuesta que nos queremos responder, o acaso inventamos una maraña de inquietudes para no aburrirnos, para ser más leales al mundo alrededor, para no transformar el libre albedrío en lo que pensamos realmente de la libertad?

Una imagen robada del subte

Una imagen robada del subte

Comments (5) »

La caída

Este es el texto que alguna vez, disparó “Motivos para no pensar”. Hoy, quiero hacerle un homenaje, ya que aquella vez lo deje abandonado y hoy, no quiero ni haré lo mismo. Quizá sea el testimonio de que el tiempo y las ocupaciones no deben tomar presa de lo que uno más ama.

Se divierte configurando la suerte de un planeador.
La gente, desparramada por la playa como caracoles muertos, despierta asombrada ante lo que está mirando.
Un avión pequeño desafía al gigante de sal en un duelo sin antecedentes.
Avanza sin miedos, apenas a metros de la espuma que forma el rompimiento de las olas.
El piloto se hizo amigo de la marea.
Toma distancia verticalmente, como si estuviera izando una bandera invisible en un mástil que forma el humo que deja detrás. Cae. Y vuelve a caer. Y vuelve a caer.
Y cuando parece que se va estrellar contra un baldecito amarillo con manija azul claro, toma una nueva dirección y sale disparado hacia el cielo como un hombre bala salido del circo
.

Comments (2) »

A %d blogueros les gusta esto: