Sobre Horacio y mi papá

Acabo de abrirle la puerta de calle a mi papá. Se fue después de una mañana de visita, de mates y charlas, de encuentros con la imposibilidad de resistir en un sistema adverso, se fue después de quebrarse en mil pedazos al mirar el video de una canción que hace tiempo estaba buscando y que le recuerda a su mejor amigo, mi tío por adopción, Horacio, ese que se nos fue un día a hacerle bromas pesadas a los ángeles. Fueron apenas unos instantes, lo que duran un par de acordes, pero bastó para que se ponga a llorar como un nene dentro sus casi 60 años, me extendiera la mano y me dijera “esto me hace acordar a Horacio”. Yo no se cuánto hace que no veo a mi papá así, pero ahora que lo pienso, creo que la última vez fue cuando me contó que se murió, hace ya unos cinco años, y desde ese día hasta hoy, un mundo de diferencia.

Se conocieron en el mismo lugar donde se conocieron con mi mamá, mis padrinos, mis tíos de sangre, hasta inclusive con la actual mujer de mi papá, Betty, que es la prima de Horacio, pero esa es otra historia. O no, pero no se puede contar un laberinto en una frase, así que vamos curva a curva, paso a paso. Debían tener como 19 o 20 años, la vida por delante, los sueños atados a la utopía de sanar el planeta a través de la asistencia social, las peñas, la alfabetización para aquellos que no sabían leer ni escribir ni tenían las posibilidades de hacerlo. Esa es la breve reseña de cómo se encontraron mis papas y toda la familia que hoy me rodea, en un marco complejo, de violencia extrema pero que se hacía espacio para que hasta determinado día, hayan podido hacer algo para cambiar las cosas.

Papá y Horacio era el dúo dinámico. Tenían que verlos. Ambos que no superan el metro sesenta, uno pelado y el otro canoso desde chiquito, haciendo fastidiar a todas las mujeres ejerciendo el más negro de los humores. Sacaban a las hienas internas hasta de los peores amargos. Se han tenido que suspender canciones o charlas para no morirnos literalmente de risa. Y no había vedas, no había prohibiciones, no había limitaciones para menores, era todo fiesta, todo guitarra del tío Hernán y su voz hermosa y Horacio zapateando, porque también hacía eso, también amaba el folklore y bailaba como los mejores, casi tan bien como hacía reír a todos.

Yo me críe así. Toda la infancia está teñida de conflictos internos en casa y alrededores maravillosos de aprendizajes y crónicas tan espectaculares como imposibles de creer. Madrugadas infinitas de charla, los chiquitos colados escuchando, mamando, internalizando todo eso que hoy, quizás, haya quedado tan plasmado en mí como para vivir como vivo. Y cuando digo conflictos, es porque me autoriza el hoy, el papá y la mamá que blanquean que tuvimos problemas y menos mal, porque quién no los tuvo y quizás no tan graves, no tan simples, qué importa, lo que vale es que estamos acá, juntos a nuestra manera, ocupándonos los unos de los otros. Pero yo estaba hablando de papá y Horacio y me salgo de tema, me pongo en otro canal y me dejo ser, vuelvo hacia ellos, hacia su relación y lo que dejó de pasar cuando él se fue.

Nada sería lo mismo sin él. Nada. Es imposible no mencionar que cada vez que sonaba el teléfono en Ituzaingó y era Horacio, había que soportar la peor ola de groserías inventada jamás. Cualquier disparate en esa voz tan característica, rasposa, casi como si se hubiera tragado una lija y la hubiera alivianado con una cucharada de leche condensada, porque ese era su humor, una cuota difícil de digerir pero que se transformaba en un dulce único, en la alegría menos pensada.

Mamá lo soñó partir. Estaba internado con su cáncer avanzado en la garganta hacía tiempo, venía luchando duro y era tan cómico verlo en la camilla reírse de sí mismo, hacer bromas con papá, oírlo decir que las anginas lo tenían complicado. La misma mañana en que se murió, mamá me llamó y me contó que Horacio había ido a despedirse. Me dijo que se iba corriendo al hospital. Cuando llegó, Gerardo le dijo que se había ido. Mamá también lo amaba a Horacio, claro, era uno de sus mejores amigos. Pero para papá, para papá, Horacio era un hermano elegido y mi papá eligió a su hermano también como amigo, entonces hablamos de que perdió a uno de los dos pilares de su vida. A una de “sus” personas. Ese que sostiene la historia de uno como la propia, el que le recuerda de qué está hecho, que es lo que uno quiere o cómo quería vivir la vida.

Sentado en el sillón de casa, mientras lloraba, me dijo entre sollozos hace apenas una hora que con un amigo se va la mitad de uno. Y creo que tiene razón. Pero también se río, se río cuando lo decía, mientras por sus lentes enormes se le filtraban unas lágrimas. Cuando pienso de quién heredé esa sensibilidad extrema, no puedo dejar de pensar en papá. Entonces, le dije yo, si Horacio no se hubiera muerto, no hubieras encontrado a la segunda mujer de tu vida. No por ser otra ni menos importante, sino porque vino después que mamá, y yo se que papá amó tanto a mamá que supo terminar las cosas y después tuvo otra oportunidad de amar con una de las mujeres más valientes que he conocido en la vida. Porque si bien eran amigos hace treinta años todos, sólo después del velorio de Horacio papá y Betty se encontraron en la parada del colectivo y ya nunca más se separaron.

Esa noche fue tan graciosa como la vida de mi tío. Graciosa en el mejor sentido de la palabra. Fue un velorio lleno de vida. Este grupo de gente se las ha arreglado para llevar dramas varios de la mejor manera y lo que encontraron aquí fue el respeto por lo que hubiera hecho Horacio. Papá le hablaba al cajón y le decía “Dale, dale, levantate ahora hijo de puta, y decinos que esto es una joda”, y mientras, María, su viuda, le decía que el hubiera hecho exactamente lo mismo si los papeles eran inversos y yo se también, todos lo sabemos, que esa es la pura verdad. Hasta nos mudamos al salón de al lado, porque había un muerto con la soledad de una sola persona velándolo. Una sola persona. Nos dio tanto pesar que nos turnábamos un rato cada uno para acompañar la partida, charlando con el único amigo que quedaba.

Y pensábamos en voz alta, claro, qué vida hermosa Horacio, vos que estás acá, repleto de risas, de recuerdos, de presentes y anécdotas, de hijos y mujeres y hermanos elegidos, de misiones cumplidas, qué hermoso tránsito a pesar de la enfermedad, del dolor, de la lucha, qué bello testimonio el de papá y Horacio para este día, para enarbolar un trato como estandarte, el de que hoy y siempre, los amigos, esos seres que tanto nos construyen, sean amados, y yo aprovecho, me sumo al manifiesto y uso como excusa este relato para decírselos, para alcanzar a cada uno de mis almas compañeras y desearles que vivan, que no se pierdan en cosas sin importancia, que lo único que queda es esa sensación tan hermosa y plena de haber compartido, gritado, soñado y morirse de risa.

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6 comentarios so far »

  1. 1

    Lore said,

    No puedo decirte otra cosa que: sos una HDP!!! no podes hacerme hacer llorar asi! un poco de piedad! Soy una mujer embarazada! ajajaj

    Hermosisimo EMi! La verdad es k lo imagine medio clon de tu viejo y me llego al corazon!

    besotes a Coki k lo extrañamos!

  2. 2

    Silvia said,

    Querida Emi:

    Yo siento que estuve ahí, en ese velorio, a través de tu relato ese mismo día o al siguiente o en esa semana. Justamente estábamos en medio de todo lo de Atilio, tratando de ensayar, tratanto de hacer… Recuerdo mucho de lo que escribís, a través de tus palabras y comentarios de tantas veces.

    Seguís festejando a la vida y a la muerte en tus últimos escritos de este blog. Quizás algo esté muriendo para que algo tanto o más hermoso nazca en vos, así como la muerte de Horacio hizo nacer el amor entre tu papá y Beatriz.

    Es simplemente hermoso, emocionante, lleno de carcajadas y completamente vital, con su más y sus menos, que son también la sal de la vida.

    Te quiero muchísimo y festejo este renacimiento tuyo de cada día.

  3. 3

    Gabylu said,

    ahhh flaca devolveme mi equilibrio!! :O)
    me hiciste llorar querida, pero te lo perdono porque realmente es una historia de vida maravillosa, movilizante pero llena de energía…
    y sabés que me llega al corazón lo que vos escribís y cómo lo hac´s !
    beso gigante..

  4. 4

    maximo said,

    Un baño de cariño y frescura para mi alma al traer tan bellos recuerdo de un ser tan querido anigo de anigos en toda su dimension un amor que se mantendra a pesar del tiempo , retrataste todo con gran altura y simplicidad haciendo transparente lo que siempre fue,una amistad un cariño entre dos seres que ahora estando en dos dimensiones diferentes siguen haciendo culto de aquellos viejos tiempos y de estos maravillosos que estan corriendo
    Gracias por tu sensibilidad , te amo mucho mi Patita de Pollo muaaaaaaaaaaaaaa

  5. 5

    EL MAGNIFICO said,

    Hermoso y triste relato Emilce. Me gustó mucho.

    Saludos!

  6. 6

    gaby said,

    bien emi, muy pero muy bien.
    sabés… conozco este relato. también al igual que silvia me tocó vivirlo a mi modo, en charlas, comentarios y recuerdos nostálgicos de este hermanito de la vida de tu viejo. pero te felicito porque supiste con palabras expresar cosas que, a veces, sólo pueden transmitirse con una mirada, con unos ojos brillosos o con la piel erizada.
    mis felicitaciones a vos, y a vos también, máximo… por seguir rindiendo tan bello culto! 🙂


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