La fiesta de los miércoles

Siempre me pregunto cómo sería escribir eso que llegue hasta el recoveco último de las entrañas. Tocar las vértebras, atravesar las arterias en un carrito hecho de “criollitas”, llegar al corazón y hacerlo latir más fuerte. Dejarlo al borde del infarto. Apretarlo hasta dejarlo sin aire. Convertirlo en un cadáver en sí mismo y de repente, bombearlo con más intensidad, bañarlo en mermelada de frutos del bosque, pintarlo todo de una esencia aromática y deliciosa. Dejarlo tan perfecto como para comérselo. Vivo.
Eso es exactamente lo que siento cada vez que termino de ver “Tratame Bien”. Lloro, me toco la panza, aplaudo sola. Mi caja de zapatos que llamamos departamento, mi casa, mi hogar sin tiempos y con raíces hasta el sexto piso, se convierte en una platea enardecida, emocionada, feliz de mirar lo que mira, y todos los muebles se ponen de cabeza, el reloj queda detenido, la computadora se silencia y hasta me parece adivinar unas figuras invisibles a mi lado, constantes, que se quedan como testigos de las sensaciones que se corporizan cuales espectros reflexivos de lo que acabo de transitar.
Aparecen mis viejos y sus discusiones posteriores a mi primera menstruación, el divorcio nunca firmado y el adiós definitivo, Mar del Plata y los “autitos” que alquilábamos en vacaciones, las fotos blanco y negro de su luna de miel en Necochea, la terapia que me devolvió la brújula escondida, la casa de Ituzaingó vacía antes de entregarla a los inquilinos, los perros que corrían por el parque y los vecinos viniendo a buscar limones, saltando la medianera y las rejas del frente, pocas cenas, pocos almuerzos, muchos cuentos, muchas reuniones. Siempre juntos, matándonos o encontrándonos, pero juntos.
Ver a Sofía y José no es necesariamente autobiográfico pero sí es reencuentro. Es un dedal para coser sin pincharse mientras rearmo algunos retazos perdidos, un barrilete con balcón para poder pasear sin vértigo, una mecedora como la de mi abuela preparada para bancarme en la locura, la incomprensión y la infancia desesperada. Ver a Damián y a Helena es enfrentarme a un espejo difícil y tan frágil como yo cuando logro mirarme de esa manera, aunque no sea la misma, aunque haya otro carácter, aunque las circunstancias sean distintas y las personas calcen otras máscaras.
¿Será que no existen las multiplicidades sino la unicidad particular de las historias? ¿Será que de una misma emoción madre todo parte, crece, se alimenta de musgos, situaciones y muertes, cenizas echadas al viento o cuerpos enterrados en la profundidad de la tierra? ¿Será que construimos un andar distinto sólo cuando podemos diferenciarnos de lo que ya pasamos? ¿Hay destino sin procesar los olvidos que no son tales?
“Tratame bien” es un colectivo lleno de imágenes que juegan a la rayuela, por momentos, muy parecida a una montaña rusa. Hay restos de tiza, olor a aula y torta fritas, smog, sonidos de hielo cayendo en un vaso vacío. Hay fastidio y limitaciones. Hay gritos silenciosos, hay dolores sostenidos, hay sonrisas cómplices y enojos infinitos. Hay magia en los diálogos, no hay actores sino protagonistas, la escenografía se funde en un hogar cualquiera y no hay director sino una cámara que andaba de paseo. Excusas literarias, puede ser, sin embargo, nada más cercano a la realidad. Si hay algún secreto es que en vez de estar ante un programa estamos, sin siquiera haber tomado conciencia, en un lugar distinto. Nos mudamos a otra parte, nos llevaron a otra esfera, la mente que da vueltas alrededor como un baile de signos de preguntas, exclamaciones y puntos suspensivos disfrazados de algodón de azúcar. La metáfora que no quiere ser casual. Es definitiva.
Porque hay golpes pero hay dónde caer y porque las razones se convierten en parte del rito. Porque los miércoles tengo una fiesta con mis sombras más terribles y la inocencia mejor. Porque lo que sana está frente a mis ojos y se queda conmigo la ternura, esa adorada maga que también guarda lo peor, todo ensamblado, conjunto, sin posibilidad de separación, anidando lo mejor que está por venir con la insoportable, maravillosa y tenaz experiencia que todo lo enriquece y perfecciona, esas escenas que conforman lo que soy y de lo que siempre me desprendo (y me vuelvo a llenar) para volver a empezar.

Yo en Mar del Plata - 1987

Yo en Mar del Plata - 1987

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5 comentarios so far »

  1. 1

    maximo said,

    Crecer es impregnarse de cosas incomprensibles en el momento y luego magicamente vamos entendiendo el juego de la vida,moretones y chichones por todos lados ,decisiones sabias y de las otras que cuestan , pero siempre tenemos la obligacion de tamizar , de repasar y corregir lo que podemos por un lado y por el otro hay materias en que nos bocharon y jamos volveremos a rendir.
    Lo bueno que un dia nos sinceramos y comenzamos a hacer lo soñado y eso nos da fuerza adicional para entender el sube y baja.
    Sos un ser muy calido y te quiero mucho muaaaaaaaaaaaaaa

  2. 2

    Nu said,

    Q lindo Emi, me encanto!
    besotes
    te quiero
    nu

  3. 3

    Cristina said,

    Emi
    Tu sonrisa de niña me encanta, la picardía de tu mirada y la chispa inacabable..!!!
    Encuentros y desencuentros esto es la vida misma…
    Pero asi como en “Tratame bien”, en la vida de todos nosotros siempre nos encontramos en algún lugar para darnos una mano, escucharnos, compartir y entendernos desde lo que cada uno pudo y supo dar.
    Qué bueno que es abrir la mente..!!!, los ojos a las distintas miradas de cada uno.., esto le hace bien al alma..!!
    Te quiero mucho..!!
    Yo

  4. 4

    Gabylu said,

    ahhhhhhh creo que es el mejor texto que leí…
    lo leí ayer, lo volví a leer hoy… y siempre me lleva a un recuerdo mio distinto…

    La verdad es que no veo “Tratame bien”… quizás porque sabía desde el principio que me podía llegar a tocar demasiados fantasmas que tengo con los cuales no quiero dialogar un miércoles a la noche ;O)

    pero es perfecto cuando te leo, a parte escribís con una magia y una pasión que me transportan a otro lugar…

    voy a seguir releyéndolo… y seguro me voy a encontrar y a reencontrar con gabys del pasado, del presente… y me ayuda a reconstruirme y volver a empezar.
    GRACIAS.

    besos Emi!!!

  5. 5

    Caro said,

    Verdaderas y sinceras felicitaciones para la expresión magnífica de lo que ocurre cada miércoles cuando comienza Tratame Bien… es cierto que todo lo invade, que todo lo puede y que hasta se cnvierte en algo muy cierto que permite vivirlo como tal.. son fuertes y vívidas las emociones y sentimientos que logran traspasar la pantalla y encontrarnos del otro lado del tele, atónitos ante cada imagen que nos paraliza y asombra… una verdadera joya de la televisión 8de esas que ya no hay muchas)…
    Muy bueno tu blog… tus escritos y tu forma tan particular de expresar lo que de una u otra manera todos sentimos… un fuerte abrazo!


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