Archive for octubre, 2009

¿Y si no la quiere más?

Llueve, de a poquito, como de a ratos, tal como si algunas lágrimas se hubieran contenido por mucho tiempo y lentamente, casi pidiendo permiso, fueran suicidándose contra el asfalto. ¿Metáfora de la mente o cuadro climático? ¿Alcanza con dibujar otro boceto para seguir adelante? ¿Y qué si inventáramos una fábula del desamor en medio de la tormenta?
Ya no le importa, le interesa cada vez menos. Ya no se emociona por ningún acto, no percibe cambios, no abraza diferencias. Solo se aburre, se queja, ya no la busca ni se fascina, no quiere aprender de su conciencia. Está vacía, dice, sólo hay espacio esperando ser llenado por pensamientos que no le parecen acordes, que fluyen impunes de gracia, ideas que ya no lo seducen, sentimientos que parecen haberse fugado, invisibles, por la puerta trasera.
Está cansado de siquiera, prestarle atención. Todo lo que hace es estúpido, banal, cada razonamiento está inundado de ignorancia y no hay balsa posible que pase a rescatarlo a través del temporal. ¿Estará muriéndose para él?
Quizás el cuerpo ya no sea el que era y lo que había allí, apenas un dejo de lo que adivinó podría encontrar. ¿Cómo probarle que estuvo, que está justo ahí, cerca, apenas estirando un poquito más las manos? Todo lo que halla es hastío, molestia, ganas de salir corriendo hacia cualquier otro lugar que no la tenga en cuenta.
Ella no siente lo mismo. Es la misma que cambia, que crece, que tiene mucho por borrar y volver a colorear pero no encuentra motivos para esconderse detrás de una máscara y aceptar el embate de ser apenas, un puñado de miedos y falacias. Trasciende fronteras con lo que dice y hace mapas con su andar cotidiano.
Ella se equivoca y vuelve a rodar, arrastra la misma capa incierta que todos portamos y cree distinto, pone otros ingredientes en las recetas, cuestiona desde otros ángulos y se atreve a desafiar la misma cosa una y otra vez, no por falta de entendimiento sino porque sí, siente y construye de otra manera. Pero está triste. Y lo quiere, mucho más, incluso más que siempre.
Ya no la mira como antes, quizás ni siquiera la mira o quiere mirarla. Ya no se conmueve con nada de lo que hace o se siente orgulloso, quizás ya ni tenga ganas de notarla. ¿Y si no la quiere más?
.

Tormenta

Tormenta

Anuncios

Comments (14) »

Latido sostenido en Do

Anidaste en mí una semilla de esas que uno no olvida, de esas que sangran cuando crecen como ramas, invertebradas, a través de la historia y se quedan, salvajes y mansas, agazapadas esperando que llegue la huida hacia lo que una vez supimos ser.
Lo que no teníamos es lo que tuvimos que dejar atrás con los pasos dados, lo que soñamos juntos ahora se vuelve espejo, distante, certero, pero tan parecido a la imagen de nosotros abrazados, mirándonos, chiquitos sin motivos más que amarse y celarse por un baile inapropiado.
Dijiste palabras que sonaron a tiempo presente, a chocolatada tibia y la espuma de la primera cerveza que tomamos alguna vez. Casualidad la de no estar enamorada, de sostener esa sombra de lo que pude sentir como un ventanal hacia la nada, ese vacío tan lleno de posibilidades que nunca fue ninguna, que no tuvo presencias sino lapsos inevitables de conciencia en fuga, derramada.
Lo cierto es que trajiste pétalos a mi tarde y un tumulto de gente con polleras y viejos sweaters escote en v, delineados profundos y reflexiones de madrugada. Arrimaste páginas de libros que todavía no pude leer o sensaciones que jamás pude describir, patas de sillas sin asientos, tazas de goma blanca, versos ilegibles escritos con crayones desgastados y poco frecuentes.
Quien me contó esta novela se parece a quien la protagoniza y lo que habitó esta espera hasta narrarla, el prólogo necesario para entender su origen. El pasado se vistió de causa, hace rato lo ignoramos, lo que hallamos son respuestas solapadas, trajes sin saco, botellas sin pico y especias puras, sin frascos.
Cada vez que la vida me lee tu relato siento que el corazón pulsa un latido distinto, como si tuviera música, como si un vendaval de notas arrimadas a la orilla de un río hubieran sido arrastradas hasta este umbral de túneles subterráneos, latido sostenido en Do siempre al inicio en vos, en mí, en esta suerte de que no estés y estés siempre dentro mío.

Horizonte agazapado

Horizonte agazapado

Comments (10) »

A %d blogueros les gusta esto: