Archive for diciembre, 2009

Boceto para un año nuevo


No quiero calendarios ni excusas para volver a empezar. Si la razón es que se vaya un tiempo que no existe o que termine un ciclo, eso para mí, es apenas un motivo literario, una meta distinta, un pensamiento colectivo generado por la necesidad de creer que se puede cambiarlo todo, entonces lo hacemos, algunos más, algunos menos.
Pero yo estoy escuchando a Lennon y lloro, me emociono y eso no diría nada, como muchos que me conocen afirman, dado que las lágrimas y los sentimientos fluyen en mí, generalmente, de manera desmedida. Es lo que soy, lo que transito, lo que me llena el vacío que no tengo, lo que celebro cuando descubro la maravilla de una imagen cinematográfica en medio de la rutina de Acoyte y Rivadavia.
Este año aparecieron sueños desarmados que empezaron a construirse, pilas de bloquecitos apilándose como en un juego de jardín de infantes, más letras haciéndose el amor en diferentes plataformas. Surgieron amistades más fuertes, extrañé a Trinidad y Lucía, me robé una M del abecedario para siempre, llegué a tener una compañera de banco como en la escuela y hasta vi pegados en un lugar donde solía leer a otros, mis propios poemas.
Este año un hada del dibujo llamada Julieta me regaló su corazón y amor incondicional, mi alma gemela y hermana elegida me dio la noticia de una Vicky que anda anidando en su panza, la amiga de las trencitas se sumó con un renacimiento en sí misma creando a Joaquín que llega en abril y la que una vez me acarició como a una hija cuando me rompieron el corazón, llamó a un cartero en el momento justo y mediante un encuentro perfecto, gestó a un bebé que en junio se sumará a la reunión.
Este año nació Valentina a quien quiero y no conozco, llegó Melián hasta Cali para compartir viajes y aventuras con los padres más generosos del mundo y hace poquitos días, Zoe, mi sobrina marítima y preciosa con los ojos más grandes que haya visto alguna vez, planeo bajito para acomodarse cerca de una roca y enseñarme a mirar las olas de otra manera tal como lo hizo su madre, esa otra hermana que una vez me salvó junto a mi amigo de la vida de una caída segura y repentina.
Este año viví momentos maravillosos junto a mi loca y bizarra familia. Tal como hace más de diez años, con las nuevas parejas y nuevos hermanos, pasamos navidades, cumpleaños, nos reímos todos juntos y nos dimos cuenta de cuánto más felices somos de haber sumado a Betty y Osvaldo a nuestro terreno. Damián fue un capítulo aparte: apenas antes de ayer, en una fiesta, me abrazó y me dijo que “era una hermana de puta madre” y claro, cómo olvidar a Charly, su abrazo, ese día en el concierto subacuático y “rezo por vos”, mirándonos como ese día en que nació y yo le llevé su primer regalo.
Este año me reencontré con personas que marcaron mi ruta de una manera fundamental, me conmoví de sólo ser testigo de ese crecimiento, de esa pasión extrema que hace que todo sea relativo y efímero, dejé a una amiga que me ayudó a ser esto que ahora soy y aspiro a ser, apartando de a poco tantos miedos que todavía, debo asesinar para escribir eso que tanto quiero relatar.
Este año hice lo que me gusta. Hablé y conocí a referentes que hicieron mi vida más bella por poder disfrutar de su arte, pensar y crear a partir de ese punto de partida, elaborar nuevas ideas, escritores maravillosos me recibieron en su casa o en un parque y me dijeron que lo que decía podía tener un sentido, una sensación y sobre todas las cosas, me ofrecieron nuevos mapas, puntos de vista.
Este año leyeron mis escritos muchísima gente sin tener puentes en común que me inundó de reflejos bellos, de reflexiones exactas y nuevos interrogantes por ser descubiertos, reformulados y vueltos a destejer sin agujas en este máquina de coser imposible que es la cotidianeidad vecina.
Este año mi “amiga de teatro” siguió firme mis pasos, me abrazó en cada duda, me felicitó en cada acierto, me consoló en difíciles tropiezos que confundí con abismos para mostrarme dónde estaba realmente, tal como hizo la buscadora de cielos, esa cámara con patas con la que tuvimos la fortuna de treparnos al norte en un viaje perfecto.
Este año hicimos muchas reuniones en casa, nos divertimos, reímos a carcajadas, salimos a pasear y a mirar, a recorrer con los piecitos lo que la mente recreaba, los amigos cineastas estuvieron más cerca, las tiburonas nadando en el océano más cercano, hablé con los amigos de otras tierras, los seguí queriendo, compartimos amores y desastres, sin tocarnos siquiera y apenas escuchándonos las voces, estuvimos presentes y esperando, haciendo mientras, el momento de volver a vernos.
Este año llegó Maya, esa gatita que tanto significa como la pieza de un rompecabezas atemporal donde suelo pasar mis días a completar esta familia que tengo con Marra, ese chico que cuestiona, desarma y sangra como diría Charly, está ahí para mí y saca el mejor color de la paleta de colores que intento gestar todos los segundos de mi existencia.
Este año viví tanto como otros años, pero es este y no otro, es este instante y no cualquiera, es lo que siento en este momento cuando Lennon sigue diciéndome “sólo estoy aquí mirando la rueda y girar y girar, realmente me encanta ver sus giros” y yo, comparto con ustedes estas palabras y deseos, queridos extraños conocidos, agradeciéndoles tanto apoyo y esa lectura, ese acompañamiento en esta danza de libros caóticos que no quiero ni tengo ganas de bailar a solas.

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Y qué si mis lágrimas…

Y qué si mis lágrimas se fueran a pasear solas,
anónimas poetas del sufrimiento,
andando sin cuidado
inundando los ojos de cualquiera.

¿Me sentiría igual sin ellas?
¿Por qué brotan si no hay tristeza?
¿Es que también aparecen sin motivos?
¿O será que ellas me traen lo que representan?

Un paisaje perfecto,
el rostro de un abuelo mirando a su nieta,
la carta que todavía no pude leer,
mi mamá pellizcándome el cachete, cómplice.

¿Dónde se esconden mis pensamientos
cuando ellas me abordan y me ciegan?
Un tsumani privado,
una cascada pequeña.

Siempre me visitan de improviso,
solía crearlas a propósito,
de un tiempo a esta parte se han vuelto
impacientes, desesperadas, enteras.

Y qué si mis lágrimas ya no fueran mías,
si me extirparan los ojos,
si me drenaran las pupilas,
si me quitaran lo que siento cuando ellas me atacan.

Nada, todo,
apenas un retazo de lo que fui.
¿Acaso ahora me volví dolor?
No y ahí están, provocándolo de sólo relatarlas.

Fiesta `popular en Tafí del Valle

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