El abuelo Alberto partió en busca del cosmos (y de la abuela Elsa)

Hoy es 7 de agosto de 2010 y se fue el abuelo Alberto. El 5 de agosto fue el cumpleaños de la abuela Elsa, quien hace unos meses apenas, nos dejó en un día frío y soleado.
Ese día me sentí muy mal, como desencajada, y apenas pude comunicárselo al resto del mundo. Si bien hace rato se habían acabado las reuniones multitudinarias, los canelones caseros, el patio lleno de juegos y primos, sentí mucho su ausencia.

Por primera vez en mucho tiempo la extrañé sin posibilidad de racionalizarlo y entender que era lo mejor que los viejos se vayan si ya no quieren estar más. Parecía una nena caprichosa en mi cabeza, porque hacia afuera, no hice más que poner cara de “hoy no es mi día” y seguir andando. Sin embargo, adentro se tejía una marejada de infancia indignada de tanta pérdida, una niñita reclamando que no es justo, que por qué. Si yo se los por qué. Y hasta los comparto y los aliento y los celebro. Está bien no estar más si no vale la pena. Pero la Emilce pequeña decidió jugarme una mala pasada y quedarse a vivir otras 24 horas más, hasta ayer, viernes 6 de agosto de 2010.

Así, la frase se volvió a reflejar en mi rostro: “hoy no es mi día”. Desde que papá me dijo que el abuelo había sido internado por neumonía, yo ya era conciente de que esto iba a suceder. Y sabía, sería pronto. Aún cuando me dijo que estaba mejor. Cuando lo vi al abuelo el día de la muerte de la abuela contando en detalle cómo era que estaba vestida el día que salieron a bailar al club, me di cuenta que más allá de peleas más, peleas menos, iba a ser imposible que después de 65 años juntos, fuera a sobrevivir sin ella. Eran otras épocas, otros modos de relación, de dependencia. A su vez, una persona que ya no tiene padres, amigos, vecinos, proyectos, identidad y fuerza para vivir solo, pierde sus motivos, sus estrategias. El tenía (y tiene) una familia. Y era la suya. Pero supongo que la vejez es así, acarrea consecuencias tales como poder escribir tu propio final, agotarte de buscar razones, decidir si esto llamado vida ya no da para más.

La madrugada de este 7 de agosto no fue sencilla. Apareció en mis sueños Alberto y su taunus verde, el mismo que estacionaba en la entrada de auto en la casa de Ituzaingó. Se iba de paseo, me dijo. Al autódromo, pasando por el observatorio de San Juán. No le conté a nadie mi sueño, preferí poner otra vez mi cara de “hoy no es mi día”. Cuando papá me aviso, no se lo pude contar tampoco. Supongo que estoy algo impresionada. O que estos días el estuvo muy cerca mío, o que la abuela Elsa vino a contarme cosas para que le transmita de alguna manera. Yo no soy así. A mi la muerte no me “pega”, más bien me pone en jaque y me deja reflexionando despierta.

Hay una reeducación de mi ser en estas partidas que cada vez, son más cortas entre una y otra. Ni quiero pensar en la que falta. Sigo siendo la misma. Pienso que la muerte es parte de la vida y que no hay mejor manera de irse que cuando ya no estamos invitados a pasarla bien. Lo que no sabía, y estoy aprendiendo, es que desajusta ciertas partes de las raíces internas que hay que entender cómo acomodar. O sacar definitivamente. O quizás sea el final del latido lo que de origen a cosas nuevas y repercute más cuando es el papá de tu papá, la mamá de tu papá, el papá de tu mamá. Con la mamá de mamá todavía no se qué pasará. Lo que si se es que hace apenas una semana, tuve que arroparla como ella me arropaba a mi cuando era chiquita y contenerla en un desespero por recobrar su existencia vacía. Y fui feliz de estar ahí para ella, aunque uno se quede con tantas preguntas como cimientos tienen las nuevas ciudades y pueblos.

Y así es como hace un par de meses fue Elsa y hoy, el abuelo Alberto sale a buscarla por el cielo que tanto amaba. Fanático del cosmos y de las estrellas, enamorado del ruido de lo autos de Fórmula 1 y las carreras, mecánico de oficio y profesión, ahora seguramente estará cumpliendo su sueño: el decía siempre que quería ser astrónomo, sabía tanto acerca de galaxias y esferas tan lejanas como espectaculares. Hablaba de ellas como un escritor de su musa, o un arquitecto de su obra maestra. Lo que había guardado en sus ojos era pasión y ese mismo espíritu, ahora, navega en un barco invisible entre cometas.

Y esa es la imagen que después de tanto llanto, me dibuja una sonrisa, me deja tranquila, miro hacia arriba el sol y pienso, menos mal que ahora andás por ahí abuelo, este mundo ya no era para vos. Menos mal y que la pases de puta madre, mi queridísimo ladrón de cucharadas gigantes de dulce de leche y perfecto guardían de alfajores en el taller. Se te va a extrañar también por acá. Todos mis besos para vos y si te encontrás con el abuelo Antonio en un subte con anillos de Plutón, o si ves a la abuela Elsa escuchando las radios de otros planetas, deciles que también como a vos, los amo mucho y que gracias, gracias por todo y cuidense porque acá, estamos todos bien. Hasta la próxima.

(¿Viste? No me puedo despedir) Será porque no hay tal cosa como cuerpo y solo existe todo eso que vivimos juntos. Y de eso, de eso tenemos por acá y por allá también.

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9 comentarios so far »

  1. 1

    ana. said,

    Emi, querida: conozco de pérdidas y ausencias, creo que estoy hecha de ellas, por eso comprendo tanto tu corazón de niña intentando calmar el desconcierto y coincido, también, en que hay cosas que no se van jamás, nos modelan el alma y la mirada. Conozco tus ojitos y estoy segura que estarán un poquito más brillantes aún y verás el mundo, ahora, iluminado por alguna estrella que el abuelo Alberto acomode a su manera. Te dejo un abrazo fuerte-fuerte.

  2. 2

    Daniel said,

    Querida Emilse, como siempre tu ternura profunda y tu sensibilidad nos despiertan nuestros propios fantasmas, tus pensamientos nos conmueven como si fuesen propios. Tu abuelo Antonio estaría orgullosa de su nieta, la que hoy con su palabra escrita, lo trasciende a otras memorias y a otros corazones. Pasará un tiempo para que puedas pasar por el cuerpo lo que de forma tan lúcida aceptás como parte de la vida. Pero tenés un don que hace la diferencia, un ángel que respira en la entrelínea de tus textos.
    Te dejo un gran abrazo y todo mi cariño.
    Daniel.

  3. 3

    Cristina Germana said,

    El tiempo de cada uno es un misterio…
    El tiempo de los abuelos lo es mas…!!
    El recorrido ha sido largo hija, y ellos han cumplido plenamente su misión
    entre nosotros dando todo lo mejor que supieron y pudieron..!!!!
    Viviràn siempre si los recordamos con amor y una sonrisa..!!!!
    Te amo nena..!!!!
    Yo

  4. 4

    Silvia said,

    Querida Emi:
    Bien sabemos que la muerte es algo que sucede. Lo hemos hablado hace tiempo, cuando ninguno de tus abuelos ni tampoco mis seres queridos habían partido. Pasó el tiempo y la vida poco a poco nos despojó de ellos, paso a paso. Se van pero se quedan más cerca que nunca, es un hasta luego, un hasta ahora continuo porque el abuelo Alberto está en vos minuto a minuto, te aseguro que más presente que antes, más vivo que los últimos tiempos, aparecerá cuando recuerdes una de sus frases, cada vez que mires un cielo estrellado, o cuando haciendo zaping por TV te topes con el ruido de unos autos de carrera. El abuelo Alberto, ya está “adentro tuyo” más que antes, y para siempre. Hacele llegar cuando puedas, mi pésame también a tu papá que estará muy sacudido con ambas pérdidas tan seguidas. Estoy con vos, ahora y siempre.Te quiero mucho!

  5. 5

    .::Ary::. said,

    Lamento mucho lo de tu Abuelo, Emi…lamento, entre todos los mares de problemas que navegamos a diario, no haber podido descifrar que pasaba algo cuando llamaste.
    Vos sabès, como pisciano-loco muchas veces eso es parte de nuestra Vida.
    Lo importante es que Alberto se encuentre con Elsa, lejos de cualquier sufrimiento y viajando por su Universo, del que tanto conocìa y que tanto tendrà por conocer.
    Para los que nos quedamos por acà, y sabemos que es solo por un rato, lo mismo de siempre: Valorar lo realmente importante, compartir con los afectos y no descuidarlos, disfrutar cada día y no enrollarse con los palos que se nos van apareciendo en el camino.
    Un beso y un abrazo desde el Alma, como tu abuelo te lo hubiera dado.
    Ary 😉

  6. 6

    maximo said,

    Las lagrimas se sueltan solas, con el viejo casi nunca coincidiamos pero sabes repasando con el tio sacamos un monton de cosas que nos dejo y no tengas ninguna duda ,con su fiel Elsa cuando las cosas por aca abajo anden mas o menos, nos van a tirar una mano para ayudar.
    Despues de todo nos quedamos con lo mejor de cada uno y eso nos da una gran alegria, gracias por los recuerdos , besitos

  7. 7

    Mariela said,

    Emi querida:
    La vida nos sorprende cada dia y tambien con esto… se sorprenden nuestros ojos humanos. Aquel que diga que son faciles las partidas, dile que se despida… eso dicen los sabios. Pero, a pesar de todo y mas que nada de nuestra cultura, deberiamos tambien celebrar la partida… aunque es dificil, es un nuevo despertar; bendecir cada momento compartido y agradecer la compañia que se siente… pero no se ve.
    Desde aqui, por mi parte, te abrazo fuerte con el corazon! y te inundo con luz!
    Estan hermosos en la foto…. siempre te recuerdo tan chiquita…cuando ibamos a jugar a tu casa con papa, mama y mis mil hermanos!
    Mary

  8. 8

    leonardo said,

    Abuelo gracias por todo y por hacerme hincha del FORD. Te quiero.

  9. 9

    norma dagna said,

    gracias, emi, por los recuerdos y escritos de esa manera. yo tambien, le decia el otro dia, que en realidad no estaba ahi, que estaba conmigo y asi iba a ser siempre.un beso grande. tio hernan


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