Malabares

Y sí, el tiempo pasa y desde la muerte de mi abuelo Alberto, este blog (y yo con el) nos callamos por un rato largo. Vueltas de la escritura, del estilo incierto, vueltas del inconciente jugando a la mancha con los recuerdos o lo que hace que uno plasme lo que quiere decir, lo que quiere contar, lo que hay por relatar entre tanto mundo alrededor.

Lo más extraño es que las palabras sí aparecían en forma de texto solo que únicamente podía construirlas en mi cabeza. Si había intento alguno por llevarlas al “papel”, desaparecían por completo. ¿Miedo quizás?, ¿parámetros irresueltos de una despedida que lo sucumbió todo?, ¿o acaso sólo que a partir de ese momento, muchos aspectos estructurales de mi vida cambiaron por completo?. ¿Será porque los cambié yo y no me animaba a darme cuenta como ahora lo noto, mientras escribo estas líneas?

La cosa es que ayer, volviendo del trabajo tarde, muy tarde como ya acostumbro hacer desde septiembre que empecé en este nuevo espacio, me encontré con una imagen que me impactó. Tal como todos los momentos que me impactan, aparecen conformándose entre letras y solitos, empiezan a decirme cosas en forma de crónica. Pero esta vez, querían salir. Yo creo que me di cuenta que había llegado la hora de volver a intentarlo pero no estaba segura. Ahora me parece que sí. Entonces, entonces ahí va y veremos cómo me va.

Subte A. Viernes. Subo en la estación Piedras alrededor de las 20.25 hs. Mi cuerpo está cansado y yo también. Mucho. Pero creo que más agotado está el cerebro y la tranquilidad de un fin de jornada que está desaparecida por completo. Este día se parece más a un lunes 28 de noviembre que a apenas un 18 de febrero, año casi nuevo, año casi a estrenar y que a mi me parece una extensión certera de 2010.

Se presenta como Poroto. Tiene una gorrita con viscera manchada, color verde militar. El rostro morocho, gastado, con una sonrisa enorme que le brinda una cara memorable. Bella. De esas que uno quisiera contemplar cuando está triste y no sabe con qué arreglárselas, entonces busca una canción, un texto querido o trata de buscar una imagen que lo eleve. Ese es Poroto para mí.

Pienso en la lista del supermercado. Hoy hay un descuento importante y lo quiero aprovechar. A la mañana no llegué a ver qué me faltaba, a las diez cierra el super y son las 20.30. Si no pienso por adelantado, no hay forma que el tiempo me alcance para llegar a casa, revisar todo, caminar las seis cuadras que me separan del Coto del Pedro Goyena, comprar y regresar para hervir unas salchichas, armar unos panchos y ver que mamá y Osvaldo no hayan llegado todavía para llevarnos al debut oficial de mi hermano Damián con su banda de rock, Fenix.

Poroto empieza a hablar. Primero escuché su voz, claro, eso hizo que me diera vuelta para mirar qué pasaba. Pensé que vendería algo. Pero no. Cargaba un bolsito, una tablita y unas latas de arvejas y choclos como recién pasadas por agua, vacías, sin tapa, todavía con restos de marcas en sus envases con bollitos.

¿Qué me falta de limpieza?, ¿llegamos con los paquetes de fideos que tenemos?. Si no consigo la carne picada allá, la compro enfrente en lo de los chinos, es más cara pero es lo que hay. ¡Jardinera! Eso sirve para armar ensaladas rápido pero no me gusta mucho, prefiero comprar algunos vegetales armaditos en el Mercado del Progreso.

El muchacho de la cara memorable, Poroto, se sienta en el piso. Lo tengo justo enfrente. Toma la tablita y empieza a contar que el es “aprendiz de malabares”. Apila una fila de cinco o seis abajo sobre la minúscula estructura de madera, arriba le pone otras cuatro, sube la apuesta con tres sobre esas que ya estaban, dos más, una final como si fuera la estrella del arbolito de navidad.

Malabares. Si algo hicimos hoy en el laburo fue malabares. “Almuerzo” de yogur y capuccino en tetra brick con galletitas a las cinco y media de la tarde, tentarnos de risa por cansancio, cientos de idas y vueltas de emails, corridas por agendas, pasajes, dos eventos en uno y todas las ganas de que salga bien, de que esté todo lindo, la imagen, el congreso, los materiales. Todo eso sumado a lo que tenemos todos los días, a los pendientes y a las cosas que hay que seguir haciendo.

No puedo creer lo que veo. En el trayecto desde Congreso a Plaza Miserere, Poroto toma una varilla, se la pone en la nariz y arriba, coloca la tablita con la pirámide de latas desgastadas. La sostiene quieto. Se levanta. Gira haciendo círculos concéntricos mientras el subte sigue su marcha, hace abdominales, flexiones, se ríe y nos mira, todo con la débil estructura erguida sobre su única y pequeña nariz.

Nada. Ni lista de supermercado, ni presas de pollo ideadas para combinar. Las correcciones que tengo que pasar se fueron. Nada. El cuerpo está cansando pero en mi cabeza, nada. Sólo ese momento. Maravillada. Perpleja. ¿Cómo hace? Yo misma vi como las apiló una por una, no las pegó, todo a centímetros de mi asiento. Todo.

“Para que no piensen que hay trucos, las voy a tirar todas de una”, dice. Y su ayudante, un enano hermoso con una mochila gris, recoge las que puede del aire. Ruido de latas caídas. Despedazas. Singulares pero parte del mismo conjunto. Quedan algunas sueltas y un señor de traje se las alcanza. Qué bello se volvió ese hombre cuando le entregó ese tesoro, cuando lo miró y sonrío de una manera en la que no creo que haya sonreido durante todo su día de trabajo.

Nudo en la garganta. Otro enano que estaba mirando empieza a repartir papelelitos. El también había dejado todo para verlo a Poroto y yo no me había dado cuenta de que era un pasajero más, ahí paradito al lado mío. Entre la alegría y la tristeza, un solo túnel, la misma sensacíón extrema atada a lo que siento. ¿Qué hago con esto?

Poroto se despide feliz con su gorra rellena de billetes (por suerte nadie se animó a darle monedas, artista señores, artista es lo que es Poroto). Se baja en Loria, supongo que con el próximo destino de cara a Plaza de Mayo, cruzando la calle y tomando un nuevo subte que lo lleve a las mismas caras, al mismo asombro, a todos esos mismos que somos nosotros en los cuerpos de los demás.

El enano me mira. Me muero de ganas de abrazarlo, de llevármelo a casa. Yo se que no puedo por miles de razones, pero en mi cabeza, recreo ese momento y trato de no hacerlo, pero me gana. No se porqué no lo abracé ahí mismo. En realidad, sí se. Porque el no tiene la culpa de mi sensibilidad y de todo lo que yo también, le cargaría a ese abrazo, a esa búsqueda. Quizás en ese momento, yo lo necesitaba más a el que el a mí.

Poroto debe estar en otro sitio, pienso, haciendo malabares. Lo que es seguro, creo, es que no esté pensando en cuántas latas comprar para cenar sino cuantas debe apilar para lograrlo, en cuantos viajes, en cuantas idas y vueltas con aplausos cerrados y poco sonoros por los ruidos de las máquinas contra los rieles en la profundidad de la tierra.

El cansacio vuelve al cuerpo pero no a la cabeza. Una extraña tranquilidad aparece, mezclada con culpa, con agradecimiento, con ganas de seguir peléandola, con ganas de seguir haciendo algo desde mi humilde lugar para seguir cambiando las cosas. Les mando un mensajito a dos compañeras de trabajo que ya son amigas. Les digo que las quiero, que gracias, que los malabares con ellas en un lugar agradable y haciendo lo que me gusta es mucho pero es también, un montón más de otras cosas que lo superan.

Poroto estaba contento. Eso me puso un poco más tranquila. Se veía que el también estaba haciendo lo que amaba, ese chico debía estar en un circo digno, en un espectáculo gigante porque el es gigante, como ese enanito que lo ayudaba y como el enanito que me hubiera llevado a casa.

Yo no se que es correcto y que no y hace rato que intento dejar de buscarlo. Intento. Trato de vivir como puedo, con lo que hay y con lo que me voy enfrentando. Ayer, cuando estaba en el super y llegué a la sección de enlatados con Mariano y Daniela, me quedé sola un rato mirando las latas. Pensaba en Poroto, en los malabares, en toda la gente que amo y tengo alrededor, en todo lo que peleé por conseguir y tengo entre manos, en todo lo que todavía queda pero que si el tiempo dijera stop, ya es un montón porque al lado de otros mundos, de otros seres y situaciones, esto ya es el paraíso.

Seguramente el lunes vuelva a quejarme, claro, y me olvide de este texto y de cómo volví a escribir en mi blog, la transición de meses esperando que vuelva a suceder, como si no fuera yo la que lo hace, como si un otro hubiera intervenido los dictados de mi conciencia.

Entrada la madrugada, cuando mi hermano Damián estaba en el escenario tocando su bajo con una sonrisa igual a la de Poroto, yo le alcancé una cerveza y nos miramos, volví a mi sitio y divisé entre la gente a mi amor, mis papas, sus nuevas parejas, mi familia y mis primos, amigos entrañables, me sentí enorme, gigante como si fuera a explotar de felicidad y emoción, todo al mismo tiempo. Sonaba la canción “Vivir” y yo no pude evitar acordarme de Cromagnon, de lo que pasó cuando Dami salió de ahí y todo lo que vino después y cómo nos afectó. No pude evitar acordarme de Pablo que no pudo, de Lili su mamá que todavía lo extraña y aprendió a vivir sin el.

Entonces, entonces pensé, qué valiente mi hermano carajo, qué respeto a la vida, que bello verlo pleno en ese momento, ese instante nada más, como Poroto haciendo malabares pero con las cuerdas, como todos lo que hacemos malabares para sostener emociones, vencer estrategias impuestas, como todos los que hacemos malabares a distintas escalas y con diferentes tipos de latas que vacías, se van llenando de todo lo que nos sirve para que esa varita se quede en la nariz, en esa única nariz que débil, lo sostiene todo y nos hace ver que sí, que es jodido pero que sí, que la mayor parte de las veces vale la pena porque quien te quita lo bailado y qué importa si se tiene la chance de tirar todo de vuelta y volver a empezar.

(Gracias Sil, vos sabés porqué)

19 comentarios so far »

  1. 1

    es evidente que cuando decides escribir lo haces con todo.
    Poder sentir la felicidad es una felicidad en sí misma.

  2. 2

    Ary said,

    Cómo extrañaba leerte !!!
    Gracias por seguir…esto te libera a vos y nos libera a nosotros…Cualquier palabra se queda cortìsima…solo GRACIAS !!!

  3. 3

    Daniel Brofman Aguilar said,

    Emilce, me ha conmovido tu relato. Tus vivencias que salen en palabras que acarician, me llevaron a muchos sitios. Yo he tenido la chance de tirar todo -en realidad me lo quitaron y el resto lo tiré yo mismo-, y es verdad lo que decís, quién te quita lo bailado, hay que volver a empezar. Esduro, dificil, pero no imposible. Dijo una vez Cortázar: “Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo”. Gracias por expresarte y darnos aliento, cuida tus tesoros. son muy valiosos.
    Muchos cariños,
    Daniel

  4. 4

    ani said,

    siempre es un placer leerte Emi!!!!!!
    hermoso, atrapante, lográs que de pronto yo y cada uno de los que lee tus textos, esté en ese subte , viendo a Poroto, y a sus malabares con las latas…
    espero encontrar ahora más seguido novedades en tu blog! gracias !!

  5. 5

    Silvia said,

    Ahhh me hacés llorar, de emoción, alegría, comprensión profunda que cala ondo en mi alma. Qué bueno que podemos compartir a Poroto, como si hubiéramos viajado ayer viernes en el Subte A con vos y con él, como si también nos hubiera deslumbrado con su magia, con su arte, como nos deslumbrás vos, cada vez que las letras se hacen magia en tus manos.
    Te quiero amiga del alma! Gracias por estas palabras que van de corazón a corazón!
    Silvia

  6. 6

    damian! said,

    Hermanita!! no dejes de escribir nunca corazon! tus palabras son muy lindas y de parrafo a renglon, ida y vuelta, tus pensamientos se van entrelanzado y ayudandote a darte cuentas de muchas cosas. Chiquita! la vida es una, como decimos siempre en la banda, y estamos aca para disfrutar. No hay que hacerse problemas por nada. Se tiene salud, se puede comprar morfi; listo el pollo. Para adelante siempre, y vivir a mil el presente. Divertite, estate tranquila con vos misma-importantisimo- y se feliz!

  7. 7

    Celeste said,

    Amiguita!! qué bueno que volviste…TE quiero y si la vida es una y hay que vivirla a pleno…estamos de paso y que este sea el mejor!

  8. 8

    orlando said,

    mi comentario es musical
    ESTUDIO PARA GUITARRA

    cariños
    orlando

  9. 9

    Carolina Barrera said,

    Hola Emi
    hey! “que bueno encontrarte de nuevo”, que bello todo lo que escribes,sentimientos profundos de puro corazón, que bonito de verdad todo el relato, logro moverme muchisimo… llego en un momento justo…
    Gracias. jeje

    un saludito y que sigas disfrutado de lo que haces.
    un beso abrazo 🙂

  10. 10

    Susana Fernández said,

    Emilce: como te extrañé todo este tiempo, que alegría que volviste, copio tu texto y lo pongo en mi muro de FB es impagable!!!
    Besos. Susana

  11. 11

    kaky said,

    Amiga, se te extrañaba.
    Gracias por esta bella historia. Te adoro.

  12. 12

    Sabina said,

    Gracias por regalarnos tus palabras amiguita!!!!… increiblemente hermosas!!! te quiero. Sabi

  13. 13

    Elimay said,

    Hermosa como siempre, tan sentimental, que bueno volver a leerte. beso

  14. 14

    damian! said,

    ves que tenes que seguir escribiendo????????????????!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

  15. 15

    maximo said,

    Epaaaaa asi da gusto tenerte de nuevo entre nosotros, vos sabes que tambien sos un Poroto ,ninguna duda, supiste pelearla desde pequeña y como te he dicho muchas veces es para mi motivo de orgullo tus ganas de vivir, seguite relajando y disfrutando cada dia con lo que la vida te regala y con lo que no a joderse…ya vendran mejor las cosas vermouth con papas fritas y good show…grande Tato., te amo y besitos

  16. 17

    cristina germana said,

    Hola escritora…!!!, qué bueno disfrutar nuevamente de tus pensamientos, tus metáforas (ejem.. no negaré que a veces me cuestan…), de tu talento..!!, ese que traes desde “la gallina picoreta”.
    Este espacio de arte es tu lugar, el arte es tu lugar sin duda..!!!
    y claro que estoy con vos en eso de Comenzar cada día..!!!!!!
    La vida es hermosa y es para disfrutarla a pesar de los malos tragos..!!!
    TKM

  17. 18

    Rafael said,

    Saber no es suficiente, debemos aplicar. Desear no es suficiente, debemos hacer.- Johann W. Von Goethe

    Los locos abren caminos que más tarde recorren los sabios.- C. Dossi


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