Archive for noviembre, 2011

Solos

Solos.
Como perdidos.
Como extrañados.
Como sin poder mirar.

Solos.
Como boyas a la deriva.
Como canciones sin música.
Como paisajes sin mar.

Solos.
Como una vela apagada.
Como una manera sin ser.
Como una palabra vieja, sin usar.

Solos.
Como buscando la nada.
Como amarrando el olvido.
Como cosiendo un dedal.

Solos.
Estamos completamente solos a veces.
Y qué bueno resulta cuando también estamos solos de tristeza y esa soledad se convierte en una llave visible para poder volvernos a encontrar.

Y ya no estar,

solos.

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Lo que sucede y lo que puede suceder

Hay veces que no se puede más que escribir lo que hay que escribir.
Es eso y no otra cosa. No hay posibilidad. Por más que le escapemos, que sembremos una duda en otro lado para ver si pica el anzuelo eso “otro” está ahí, ese pez y no otro, mirándonos de frente, preguntándonos si de una vez vamos a tomarlo o si lo dejaremos libre para que siga su camino.

Hay veces que no se puede decir más que lo que hay que decir.
Es eso y no otra cosa. Hay que maniobrar la voz para no ser crudo, hay que elegir la palabras cuidadosamente para ser exactos, hay que repasar una y otra vez lo que vamos a decir aunque todo lo que queramos es gritar, sencillamente gritar sin filtros, sin vuelta posible del lugar donde lleva ese discurso, sin siquiera, poder establecer uno nuevo para suavizar el que pasó.

Hay veces que no se puede actuar más que como hay que actuar.
Es eso y no otra cosa. Hay que ponerse de pie ante esa conducta que queremos establecer, hay que sostener lo que hay dentro y transformarlo en una situación real, tal como la imaginamos y no como la podemos apenas, llevar a concretar. Hay que transpirar, hay que respirar el miedo, la alegría, la tristeza y la adrenalina de todo lo que da liberarse de lo que nos detiene y finalmente, hacer lo que uno quiere ser para estar.

Hay veces que no se puede más que esperar lo que hay que esperar.
Es eso y no otra cosa. Hay que sostener el deseo implacable que nos habita, sublimarlo con tintes de andares recorridos, intentar por todos los medios que esa espera sea lo suficientemente hermosa como para que cuando “eso” llegue, estemos preparados para poder escribirlo, decirlo, actuarlo y quedárnoslo para siempre, siempre, adentro de todo lo que no pudimos escribir, decir, actuar esperando que de una vez, llegue a destino.

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Un día distinto para este día

Sucede que no me gusta que hoy sea hoy, acá.
Es como si la línea del tiempo se hubiera corrido del deseo desde la madrugada de ayer y me hubiera anclado en este sitio que no es físico, que no es tangible, pero que está aquí dentro, entonces, entonces este sitio que es hoy, es mi hábitat.

Versión alternativa de mi yo en este día

Qué increíble es el cielo que estoy mirando. Enorme, cercano, tan bellas esas nubes como copos de algodones de azúcar rosas que se entremezclan entre comunidades de panaderos perdidos por ahí. El sol naranja, redondo, como una pelota que paralizada, posa para la foto que estoy a punto de tomar.

Llamativa la brisa que corre en esta laguna, acaricia suave pero no levanta la arena de la playa y permite que los pies, frescos entre las piedras, musgos y la sal amarillenta, respiren por sí solos, aún cuando se hunden en las profundidades de la tierra, haciéndose camino con un poco más de fuerza que la acostumbrada.

Es breve el sonido del agua, corpóreo pero firme, auténtico. Alcanza para saber que corre pero no podríamos arriesgar que irá a alguna parte.

Como yo, que de tan lindo paisaje, decido tomar una segunda, una tercera, una cuarta fotografía desde el mismo lugar, sin caminar un solo paso porque todo alrededor cambia mientras que por un momento, el mundo se detiene para mí.

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¿Y si puede volver?

Algo dejó de ocurrir para llegar a este punto.
Un silencio.
Una voz que no fue.
Una voz que quiso ser.
Una voz que era, que decía, que estaba.
Ahí.

Pero no.
No la dejaron crecer.
La apagaron como a un cigarrillo encendido sin fumar.
La diluyeron como a un chocolate caliente que quedó en la mesada,
sin tomar.
La mataron antes de que siquiera, pudiera darse cuenta que estaba viva.

Quizás este texto es una maniobra de resucitación tardía.
Quizás estas letras la compongan, le den entidad y una chance, certera, de recuperar al menos, una vocal.

Es duro el vacío cuando está lleno de preguntas.
Es difícil abordar su esencia cuando hay en el, más de lo que podemos soportar.
Es quizás, la prueba más compleja de todas: quedarse allí, exponerse, hasta quizás, recuperar el abecedario completo y poder gritar:

Se acabó.
Ya no te tengo miedo.
Ya tu historia acabó con la mía.
Lo que todavía no termino es lo que yo debo aprender de la triste,
fea y extremadamente ruidosa parte que me dejaste.

Se acabó.
Ya no está eso que permitía que la parálisis comprometiera mi camino.
Ahora miro hacia abajo y tengo dos piernas, erguidas.
Se sostienen. Solas.
Y tienen ganas de andar.

Ya no te tengo miedo.
El miedo también es mío y eso por suerte, nunca me lo pudiste quitar.
Ahora me toca reconstruir la voz, el sendero de las palabras que siempre me perteneció.

Pudiste callarlo por un tiempo, invisible,
sin siquiera conocer que lo estabas haciendo aunque claro,
en su tiempo, muy bien sabías lo que hacías.

Pero ya no me importa, ya no.
La asistencia a los días completos que habito me dieron la oportunidad de mirar mejor.
De sentir mejor.
Aunque doliera hasta los huesos, la verdad siempre fue mi mejor mentor.

Me toca volver a empezar.
Me toca rearmar un rompecabezas del que jamás pensé, podría animarme a buscar las piezas.
Sucede que después de escribir esto, parece que a, b, c, d…. es lo mejor que me podía pasar.

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