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Lolo, su cumpleaños y yo

Dicen que un año es el tiempo en que hace, hoy, hace 365 días, llegaste a este mundo. Dicen eras chiquito pero fuerte, cachetón. Yo lo se porque te vi en esos días y tus mofletes colorados lo habitaban todo. Hoy, tu aniversario de vida me habita toda a mi.

Estuve tratando de entender, todas estas horas, porqué te pensé tanto. Sé no es porque seas mi sobrino o porque seas hermoso y me des esos abrazos enormes cuando me acerco, o me dediques una sonrisa inmensa cuando me miras. Se no es por todas esas razones generosas de ser inocente que ama, no juzga y simplemente, va por la vida buscando qué lo haga sentir bien. Se no es por eso. Se, tiene que ver con lo que pienso cuando pienso en vos, Lorenzo.

Y cuando pienso en vos, aprendo. Me das lecciones sin hablarme y yo, amante de letras y lenguajes, quedo muda ante la situación. Con tus meras acciones desafías mis metas. Con tus sencillos recorridos anudas mis caminos y los rompes en mil pedazos. Con simplemente observar tu ser, todo lo que doy por sentado toma forma física, se sienta frente a mi y se burla, pleno, sabiendo que lo que se nada tiene que ver con lo que sucede en realidad.

Mirarte reír a carcajadas, a veces, me da cierta envidia. Es que todo eso que sos, vos, únicamente vos, se traslada al mundo y lo hace un poco mejor. Un poco más tranquilo y sereno, un sitio donde yo sí quiero estar. Una sensación más bien, de entenderlo todo. De poder fraccionar eso en mil frasquitos y tener la chance de ponerlos en la alacena y tomármelos con el desayuno cada mañana cuando olvido esto que ahora te escribo, mi pequeño maestro.

Y decirte feliz cumpleaños me parece poco. No se. Trivial. Se es importante. Se los balances pesan, bailan o se disfrazan, depende sea el caso. Pero hoy Lolo, probablemente sea el mejor de tu vida. Porque tenes en esencia eso que todos vamos buscando cuando crecemos. Cuando “nos hacemos grandes”. Todo eso que vas a empezar a trazar en tu camino es a lo que vas a querer volver mientras transites esa senda: a lo simple, a lo que te hace bien, a lo que pasa hoy, a lo que te moviliza el deseo.

Y quizás, quizás corazoncito pequeño que late fuerte y lo inunda todo, esa sea la clave de todo, digo yo que no se nada y me animo por amor, a escribirte estas palabras. Quizás se trate de la hazaña de volvernos tan simples como ajenos, tan vulnerables como posibles, tan Lolo como Lorenzo. Y eso, pequeño aventurero, es lo que te quiero regalar para cuando soples las velitas esta noche junto a tus papas, esos amigos del alma que admiro y amo y se, te ayudarán a tener la libertad de mandarte tus propias macanas y resolver tus propios cuestionarios internos. Se, van a estar con vos, no importa qué, no importa cómo, no importa cuándo, no importa por qué.

Porque sabés, Lolo, nunca importa, ni siquiera ahora, mientras me voy despidiendo con un beso enorme de la tía que también, se anota en la lista de los que estarán a tu lado mientras la vida que tenes ganas de vivir pase y vos, te animes a diseñarla a tu antojo, con tus propios colores, con la banda sonora que elijas y todas las emociones que quieras coleccionar. Así que acá te va una, en caso de que tengas ganas de tenerla. Y va envuelta en mil hojas invisibles para que no te pese y salga a pasear cuando el tiempo diga, sea hora de dejarla partir. Cuando vos quieras. Siempre.

Fotografía de Sabina Draghi (su mamá)

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