Archive for Literario

Ruleta marítima

Escribir lo que no puedo,
lo que no tiene palabras,
lo que carece de sentido,
lo que tiene gusto a nada.

Escribir lo que no tiene curvas,
rectas invisibles,
trazos multicolores para ciegos,
prosa poética para un matemático inflexible.

Escribir lo que no tengo,
lo que no tiene sustento,
lo que callo cuando invento este texto,
lo que no digo cuando te pienso.

Escribir lo que no existe,
lo que intento poner en oraciones,
lo que aparece en mil imágenes,
ausencia definitiva de mi voz para estos tiempos.

Escribir lo que no quiero,
lo que escondo con las letras que aparecen,
desordenada apariencia del poema,
invención del disfraz para lo que habita en mí.

Hoy.

Si poder decir
o escribirte.

Nada más que esto.

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Cuatro imposible

Cuatro uniformes anónimos,
cuatro personas plateadas,
cuatro imágenes sin signo,
cuatro pochoclos fosforescentes.

Cuatro redondeles cuadrados,
cuatro balcones de tiza,
cuatro viajes sin distancia,
cuatro días de dos días.

Cuatro amores iguales,
cuatro despedidas soñadas,
cuatro guindas sandías,
cuatro balas anaranjadas.

Cuatro relojes sin tiempo,
cuatro cenas sin noche,
cuatro fresias con patas,
cuatro andamios sin altura.

Cuatro piezas encontradas,
cuatro imposibles descubiertos,
cuatro razones memorables,
cuatro de miércoles del nueve del nueve del nueve.

Un planeador cubano

Un planeador cubano

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¿Quiénes somos cuando no pensamos?

Camino de patas sueltas,
desarmadas,
dejo la rigidez para otro capítulo,
hoy la noche es la calma buscada.

Brisa de tiempos aquellos,
aparecen de la nada,
tuve quince años y días más tarde,
la apuesta se dobla,
treinta es casi el número y yo,
detenida en esa distancia,
plena y segura de estar donde soñaba.

No es el lugar ni el momento,
tampoco las circunstancias.
Simplemente una sensación,
perpetua, sin motivos,
libre de sanadores o ataduras pasadas.

Dejé de pensar por un minuto.
Pude mirar sin culpa.
Supe calibrar la ansiedad.
Eché las reflexiones por la ventana.

¿Quiénes somos cuando no pensamos?
¿Dónde se queda la conciencia anulada?
¿Cómo se escribe sobre lo que no existió nunca?
¿Acaso somos nuestra propia metáfora?

Preguntas desterradas,
conclusiones para jugar a la mancha,
a dormir liviana y sin confusiones,
la ausencia también puede ser
un bello truco de magia.

Adoquines en Chascomús

Adoquines en Chascomús

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Una ola en el sueño

Me vino a buscar el mar,
perdido como yo,
mojado como yo,
lejano como yo.

Una ruta invisible,
la noche empañada en espuma blanca,
todo lo que veía era horizonte
donde antes había edificios, gentes, ventanas.

Un oceáno transparente,
azul, espejo infinito de mi alma.
¿Dónde convergieron las causas
de lo que conservo en este vacío?

Un globo aerostático se queda conmigo.
Una pelota de fútbol juega a la mancha.
Un redondel imperfecto que me mira.
Un tendal de rocas amontonadas.

Me quedo con lo onírico en este día.
Lo que duermo es lo que quiero,
lo que pienso es lo que destierro,
lo que hallo es una mentira.

Me voy a dormir caminando.
Pensaré que estoy descalza.
Hallaré un abrazo amigo.
¿Con qué se llena la nada?

S6308357

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Sueños en sepia

Despertarse sin ver nada,
sin sentir algo,
sin percibir luz,
sin registro de lo que uno es.

Lo que faltó estaba en el sueño,
en esa escuela de color fotográfico,
un premio perdido,
un día de clase menos.

Lo que anidó la infancia en mis pupilas
estaba en una noche veinte años después,
lo que se quedó sin retrato
apareció sorpresivamente en una ola nocturna.

¿Quién pinto mi cama de ese matiz tan amado?
Nunca había imaginado en sepia,
ni pensado en sepia,
ni mirado en sepia.

Los imposibles existen,
esa bicicleta con hadas en los manubrios
me lo dijo hace un rato,
apoyada en mi almohada.

¿Dónde están todas las sensaciones que tuve?
Apenas desperté ahí estaban,
inmutables, prendidas a mi sombra,
construyendo un tobogán de caramelos.

¿Lo que está pasando es lo que pasa?
¿Acaso lo que vivo a oscuras no vale?
¿Ayer dormía mientras soñaba en sepia
o vivía en sepia mientras dormía?

Un viaje se hace presente.
Hoy y todas mis mañanas.
El fotograma de antes puede ser
también, una nuevo negativo por revelar.

Una casa en sepia

Una casa en Capilla del Monte

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De “Sacrificios de mi andar”

Sacrificios de mi andar

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Catalina duerme despierta

Catalina duerme despierta. No es que quiera, simplemente es la única manera en la que puede dormir.
Cuando se acuesta en la cama no se pone el pijama de Los Ositos Cariñosos que le regaló la abuela Sofía. Por el contrario, va hacia el armario donde hace rato pegó todas las figuritas brillantes que le trae mamá del trabajo cuando llega tarde, abre el segundo cajón de la derecha y saca el pantalón rosa y la remera de manga larga.
Mira el reloj de la cocina, está alto colgado en la pared, pero para mirar no hace falta haber crecido mucho. Así que no importa.

Son las 9 y cuarto, mamá va a llegar y me va a ver despierta. Menos mal que Patricia tiene tan alto el volumen de la tele con ese hombre gritando que no me escucha. A ver que está haciendo. Ja! La descubrí, me dice a mí que no agarre el tarro de dulce de leche con la cuchara grande y ella sí puede. Si fuera con la chiquita no digo nada, pero me parece que cuando llegue mamá le voy a contar porque es con la cuchara grande.

Catalina se pone las medias verdes con rayitas y un sapito rojo dibujado. Le parece divertido que un sapo sea rojo, nunca vio uno de esos. Una vez le preguntó a Patricia y ella le dijo que existían en su pueblo, que eran parientes lejanos de las cucarachas fucsias que a veces revolvían la basura. Desde que le comentó eso, Catalina siempre que anda por lugares donde la mamá se queja que es un basural, busca alguna excusa como que le aten los cordones para mirar, sin que se den cuenta, a ver si encuentra una de esas. Le gustaría llevarla a su cuarto y meterla en una cajita que le regaló el abuelo Paco, que dijo que era para guardar cosas importantes. Pero nunca vio una. Menos mal que nunca se dan cuenta que las busca, Patricia le dijo que si alguien se entera que sabe de las cucarachas fucsias, podrían castigarla. Y a Catalina no le gustan esas cosas.

Que frío que hace. Patricia se olvidó otra vez de prender la estufa. Si fuera grande la prendería yo pero no puedo. ¿Cuándo seré grande? ¿Cómo pasará? ¿Un día me voy a levantar y me voy a dar cuenta? ¿Por eso también me castigarán? Patricia siempre me dice que cuando uno empieza a saber las cosas, la va a pasar mal. Yo no entiendo bien porque. Cuando camino por la calle de la mano de la abuela Sofía, siempre que paseamos a Pepe para que vaya al baño de los perros, hay gente que me mira y se ríe. Y yo cuando me río es porque estoy contenta. Y me doy cuenta que me río, pero no me castigan y creo que a las otras personas tampoco. Pero Patricia es muy inteligente y debe tener razón. Yo porque soy chiquita y todavía no me doy cuenta de nada.

Catalina se mete en la cama. No le gusta el silencio. Le pidió una vez a la mamá que le compre una tele para el cuarto pero no quiso. Dice que es cara y que además, no la puede controlar. Ella no entiende como un aparato que tiene tantas cosas lindas adentro no pueda estar en su habitación. Si lo tuviera, quizás Patricia podría venir a acompañarla antes de dormir. Taparla bien porque nunca puede ella sola con las frazadas que se le van para todas partes y hasta quizás, darle un beso que la deje dormir dormida en vez de dormir despierta, mirando hacia donde quedan los papeles que terminó de recortar después de haber hecho la tarea de la escuela, a ver si una cucaracha fucsia la visita.

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