Posts tagged Poesía

¿Y qué si…?

Y qué si pudiera escribir una linea,
un par de líneas,
acaso tres o cuatro,
que no transiten la osadía de la nostalgia
de un regreso,
de éste regreso?

Y qué si en cambio pudiera escribir
cinco, seis, siete líneas
que atraviesen un punto de equilibrio,
palabras “felices”, signos de admiración,
dejando todas las preguntas de lado,
todas éstas preguntas?

Y qué si en ese tránsito distinto,
inesperado, de ocho, nueve o diez líneas mas,
llegaran conclusiones que espero
como redes de salvataje de aguas verdes,
rosadas, fortuitas en su búsqueda,
en ésta búsqueda?

Y qué si en ese encuentro,
un presagio de once, doce o trece líneas,
todo volviera a comenzar y tuviera la chance,
el alfabeto entero, para contar y celebrar
todas las ideas que necesito cultivar,
todas éstas ideas?

Un cielo a través de un vidrio de una ventana.
Grande. Enorme. Fabulosamente diseñada.
Sin esquinas, plena en redondeles,
dibujada por un arquitecto de imágenes renovadas,
de todas éstas imágenes.

Baldosa en New York

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Solos

Solos.
Como perdidos.
Como extrañados.
Como sin poder mirar.

Solos.
Como boyas a la deriva.
Como canciones sin música.
Como paisajes sin mar.

Solos.
Como una vela apagada.
Como una manera sin ser.
Como una palabra vieja, sin usar.

Solos.
Como buscando la nada.
Como amarrando el olvido.
Como cosiendo un dedal.

Solos.
Estamos completamente solos a veces.
Y qué bueno resulta cuando también estamos solos de tristeza y esa soledad se convierte en una llave visible para poder volvernos a encontrar.

Y ya no estar,

solos.

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¿Y si puede volver?

Algo dejó de ocurrir para llegar a este punto.
Un silencio.
Una voz que no fue.
Una voz que quiso ser.
Una voz que era, que decía, que estaba.
Ahí.

Pero no.
No la dejaron crecer.
La apagaron como a un cigarrillo encendido sin fumar.
La diluyeron como a un chocolate caliente que quedó en la mesada,
sin tomar.
La mataron antes de que siquiera, pudiera darse cuenta que estaba viva.

Quizás este texto es una maniobra de resucitación tardía.
Quizás estas letras la compongan, le den entidad y una chance, certera, de recuperar al menos, una vocal.

Es duro el vacío cuando está lleno de preguntas.
Es difícil abordar su esencia cuando hay en el, más de lo que podemos soportar.
Es quizás, la prueba más compleja de todas: quedarse allí, exponerse, hasta quizás, recuperar el abecedario completo y poder gritar:

Se acabó.
Ya no te tengo miedo.
Ya tu historia acabó con la mía.
Lo que todavía no termino es lo que yo debo aprender de la triste,
fea y extremadamente ruidosa parte que me dejaste.

Se acabó.
Ya no está eso que permitía que la parálisis comprometiera mi camino.
Ahora miro hacia abajo y tengo dos piernas, erguidas.
Se sostienen. Solas.
Y tienen ganas de andar.

Ya no te tengo miedo.
El miedo también es mío y eso por suerte, nunca me lo pudiste quitar.
Ahora me toca reconstruir la voz, el sendero de las palabras que siempre me perteneció.

Pudiste callarlo por un tiempo, invisible,
sin siquiera conocer que lo estabas haciendo aunque claro,
en su tiempo, muy bien sabías lo que hacías.

Pero ya no me importa, ya no.
La asistencia a los días completos que habito me dieron la oportunidad de mirar mejor.
De sentir mejor.
Aunque doliera hasta los huesos, la verdad siempre fue mi mejor mentor.

Me toca volver a empezar.
Me toca rearmar un rompecabezas del que jamás pensé, podría animarme a buscar las piezas.
Sucede que después de escribir esto, parece que a, b, c, d…. es lo mejor que me podía pasar.

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Ruleta marítima

Escribir lo que no puedo,
lo que no tiene palabras,
lo que carece de sentido,
lo que tiene gusto a nada.

Escribir lo que no tiene curvas,
rectas invisibles,
trazos multicolores para ciegos,
prosa poética para un matemático inflexible.

Escribir lo que no tengo,
lo que no tiene sustento,
lo que callo cuando invento este texto,
lo que no digo cuando te pienso.

Escribir lo que no existe,
lo que intento poner en oraciones,
lo que aparece en mil imágenes,
ausencia definitiva de mi voz para estos tiempos.

Escribir lo que no quiero,
lo que escondo con las letras que aparecen,
desordenada apariencia del poema,
invención del disfraz para lo que habita en mí.

Hoy.

Si poder decir
o escribirte.

Nada más que esto.

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Y qué si mis lágrimas…

Y qué si mis lágrimas se fueran a pasear solas,
anónimas poetas del sufrimiento,
andando sin cuidado
inundando los ojos de cualquiera.

¿Me sentiría igual sin ellas?
¿Por qué brotan si no hay tristeza?
¿Es que también aparecen sin motivos?
¿O será que ellas me traen lo que representan?

Un paisaje perfecto,
el rostro de un abuelo mirando a su nieta,
la carta que todavía no pude leer,
mi mamá pellizcándome el cachete, cómplice.

¿Dónde se esconden mis pensamientos
cuando ellas me abordan y me ciegan?
Un tsumani privado,
una cascada pequeña.

Siempre me visitan de improviso,
solía crearlas a propósito,
de un tiempo a esta parte se han vuelto
impacientes, desesperadas, enteras.

Y qué si mis lágrimas ya no fueran mías,
si me extirparan los ojos,
si me drenaran las pupilas,
si me quitaran lo que siento cuando ellas me atacan.

Nada, todo,
apenas un retazo de lo que fui.
¿Acaso ahora me volví dolor?
No y ahí están, provocándolo de sólo relatarlas.

Fiesta `popular en Tafí del Valle

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Cuatro imposible

Cuatro uniformes anónimos,
cuatro personas plateadas,
cuatro imágenes sin signo,
cuatro pochoclos fosforescentes.

Cuatro redondeles cuadrados,
cuatro balcones de tiza,
cuatro viajes sin distancia,
cuatro días de dos días.

Cuatro amores iguales,
cuatro despedidas soñadas,
cuatro guindas sandías,
cuatro balas anaranjadas.

Cuatro relojes sin tiempo,
cuatro cenas sin noche,
cuatro fresias con patas,
cuatro andamios sin altura.

Cuatro piezas encontradas,
cuatro imposibles descubiertos,
cuatro razones memorables,
cuatro de miércoles del nueve del nueve del nueve.

Un planeador cubano

Un planeador cubano

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¿Quiénes somos cuando no pensamos?

Camino de patas sueltas,
desarmadas,
dejo la rigidez para otro capítulo,
hoy la noche es la calma buscada.

Brisa de tiempos aquellos,
aparecen de la nada,
tuve quince años y días más tarde,
la apuesta se dobla,
treinta es casi el número y yo,
detenida en esa distancia,
plena y segura de estar donde soñaba.

No es el lugar ni el momento,
tampoco las circunstancias.
Simplemente una sensación,
perpetua, sin motivos,
libre de sanadores o ataduras pasadas.

Dejé de pensar por un minuto.
Pude mirar sin culpa.
Supe calibrar la ansiedad.
Eché las reflexiones por la ventana.

¿Quiénes somos cuando no pensamos?
¿Dónde se queda la conciencia anulada?
¿Cómo se escribe sobre lo que no existió nunca?
¿Acaso somos nuestra propia metáfora?

Preguntas desterradas,
conclusiones para jugar a la mancha,
a dormir liviana y sin confusiones,
la ausencia también puede ser
un bello truco de magia.

Adoquines en Chascomús

Adoquines en Chascomús

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